Urraca I, Emperatriz de León y reina de todas las Españas
Así se intitulaba ella misma, habitualmente
La Junta de Castilla y León tiene elaborados documentos donde cita a la Reina Urraca como “Reina de León y Castilla”. En estos días, cercanos a la onomástica de su muerte (1126; 900 aniversario), afina más el mensaje, y la cita como “Urraca I de León”, escuetamente, pero al tiempo declara la importancia de “fortalecer la identidad histórica de Castilla y León” -sigue el enredo-: la Junta impulsa la difusión del legado de la reina “Urraca I de León” como “una de las figuras fundamentales de la historia de Castilla y León”.
A la par, la Universidad de León será sede de un Congreso (patrocinado, entre otros, por la Junta), en marzo, anunciado con el título “Urraca, regina et imperatrix Hispaniae”, donde se presentan ponencias (sin ser aún definitivas), donde algunas parecen retorcer las fuentes y reinterpretar la historia, a demanda.
En distintos títulos de ponencias se la cita de varias formas: una de ellas muy significativa: “Urraca reina de Castilla y León, imperatrix Hispaniae (1109-1126)” (ponente de la Universidad de Valladolid); en este caso, añade otro “territorio”, Castilla, y para colmo de la desfachatez, se atreve a ponerlo en primer lugar, alterando la costumbre histórica de jerarquía y prelación por antigüedad en el gobierno de tales territorios. ¿Será el intento, ya conocido, de dotar a esta (homónima) Comunidad autónoma de ochocientos años de historia, como nos prepararán, durante todo un lustro, para la celebración del 2030?
Colegimos que este “revolutum”, o cualquier relación de esta Reina con Castilla, le viene bien a la Junta para apropiarse de la figura emblemática de Urraca I de León, como supuesto “patrimonio histórico de la actual comunidad de Castilla y León”, apropiándose de una hagiografía e historia que no le corresponden, repitiendo costumbre: hay antecedentes, como el caso de la Curia Regia de León, de 1188, que la Junta asimiló a Cortes de Castilla y León.
Sería aceptable si lo dijese con claridad, incluso con orgullo, respetando, resaltando la efeméride como indiscutible y netamente leonesa. Sería una excelente oportunidad para atribuir los méritos a una de las dos regiones que conforman esta Comunidad, como muestra de aceptación de nuestra realidad dual: una Comunidad formada por dos regiones diferenciadas. Ya en otra ocasión le corresponderá celebrar a Castilla alguno de sus hitos.
La realidad es muy simple, y parece que muy incómoda para la Junta y algunos “escribidores” afines: Urraca I fue Reina de León y se intituló “Imperatrix Legionensis et Regina totius Hispaniae” (Emperatriz de León y reina de todas las Españas). Así lo dejó escrito ella misma -tómese nota de este importante detalle- en numerosos diplomas. Existiendo fuentes primarias tan claras, todo cambio de título, incorporando otros territorios, a conveniencia, es propaganda institucional, con ánimo de domar la Historia.
Lo cierto es que Urraca I gobernaba una pluralidad de territorios, pero León era el reino principal, hegemónico, legitimador y vertebrador de su poder. El concepto de “las Españas” no designaba una suma equilibrada de reinos; bajo esa fórmula se incluían territorios gobernados, sometidos o por recuperar (aspiración ideológica de restauración de la Hispania visigótica, entendida como unidad histórica; de ahí el título de Emperador/Emperatriz). Pero el centro político era uno solo: León. Incluso algunas taifas (territorios gobernados por los moros) rendían tributo al Reino de León, del que Urraca era la Reina. Esa es la realidad.
La propia Urraca lo deja claro: Emperatriz de León. Los territorios no mencionados por ella, según se desprende de sus propios escritos, entendemos que no los nombraba explícitamente por ser secundarios, de menor enjundia, con respecto al reino leonés. En aquella época, la jerarquía de reinos señalaba indubitablemente al de León como reino principal (y núcleo legítimo de Hispania), y relegaba los demás al cajón de las “Españas”: Asturias; Galicia; Condado Portucalense; Castilla, Toledo (antigua capital visigótica, que había sido conquistada por su padre), etc.; también se integraban -de forma más cuestionable y disputada- Aragón y Pamplona, durante su matrimonio con Alfonso I de Aragón.
En efecto, Castilla, por aclarar uno de los territorios en discordia, no fue reino independiente durante el reinado de Urraca, ni ella le hizo mención específica en su titulatura. Este reino, creado ad hoc por sus abuelos, Sancha y Fernando I, había perdido entidad regia tras la muerte de Sancho -por el leal Vellido Dolfos, en el cerco de Zamora-; o, en todo caso, ese territorio había quedado subsumido y subordinado al reino principal, de León, bajo su padre Alfonso VI.
Así pues, si se pretende añadir algún territorio a los dominados por Urraca I de León, tendenciosamente, se podría añadir: … y de Asturias, y Galicia, y Portugal, y Castilla, y Nájera, y Toledo, y Aragón y Pamplona, y otros varios. ¿Tiene sentido remarcar alguno de ellos? ¿por qué razón señalar alguno en particular, y no otros, si no es por manipulación interesada? Difícil añadir al de León supuestos reinos concretos, sin que se note que se arrima el ascua a la sardina política propia.
Pero normalmente se elige “… y Castilla”. Solo Castilla; porque conviene. Urraca I no fue “reina de León y Castilla”, al menos, no solo. Lo que evidenciaría el carácter arbitrario y tendencioso de dicha elección, cuando se hace.
No todo vale en nombre de la divulgación. Ni siquiera el tinte de instituciones académicas y culturales. Cuando se falsean las fuentes, se cruza una línea: ya no se hace historia, se hace política con disfraces medievales; pero quitando las máscaras, queda la realidad desnuda.
La Junta nada en aguas turbias cuando dice aprovechar estas efemérides (de Urraca I y de su hijo, Alfonso VII) para “fortalecer la identidad histórica de Castilla y León”, “… como elemento clave de cohesión”, enfatiza... y enseña el plumero.
Pretende integrar funcionalmente estas figuras regias, netamente leonesas, al patrimonio simbólico de la actual comunidad autónoma de Castilla y León, simplemente por ser piezas que encajan en el engranaje ideológico de la Junta, cuando en realidad corresponden, sin discusión, al Reino de León. Si añadimos al puzle que la Junta subvenciona los fastos de la onomástica a través de su “Fundación para la promoción de los valores y la identidad de Castilla y León”, ya nos queda más claro lo que se pretende con esta función de enredo.
Aunque este enfoque resulte incómodo para la narrativa institucional vigente, la Junta debe tener la honestidad y el valor de reconocer estos hitos y personalidades como emblemáticas de León (antiguo Reino de León), sin títulos ni comentarios “equívocos”.
Ismael González Millán.
Conceyu País Llionés

