Solicitan una solución excepcional para Pepa, la cierva que se niega a separarse de Javier
La entrañable historia podría tener un final feliz
La historia de Pepa, la joven cierva que desde hace meses vive integrada en el día a día de La Vecilla de Curueño, ha dado un giro decisivo. La Asociación Empatía, dedicada a la defensa y bienestar de los animales, ha solicitado a la Junta de Castilla y León una salida “justa, viable y urgente” para garantizar el futuro del animal, que mantiene un fuerte vínculo con Javier, vecino del municipio y propietario del bar El Cruce.
Un vínculo que lo cambió todo
Pepa apareció en el casco urbano hace aproximadamente medio año. Desorientada y sin mostrar comportamientos propios de un animal salvaje, encontró en Javier su principal referencia. Él le ofreció cobijo en una finca, aunque posteriormente se le prohibió mantenerla allí. Desde entonces, la cierva se mueve libremente por el pueblo, siempre cerca de la casa y del bar donde trabaja Javier.
Los vecinos la han visto integrarse en la rutina local: duerme junto a la vivienda de Javier, lo acompaña en sus desplazamientos y se alimenta de la vegetación del entorno, complementada ocasionalmente con algo de pienso. Aunque no es un animal doméstico, Pepa se ha acostumbrado al contacto humano, especialmente con la persona que la cuidó desde el primer día.
Asociación Empatía pide una custodia excepcional
Tras conocer el caso a través de los medios y contactar directamente con Javier, la presidenta de Empatía, Silvia Barquero, ha decidido implicarse de lleno. La asociación considera que Pepa ha perdido la condición de animal salvaje y que separarla de su entorno actual podría poner en riesgo su bienestar.
Por ello, han solicitado a la Junta una cesión excepcional de custodia, una figura poco habitual pero que, según la organización, sería la única vía para garantizar que Pepa continúe en un entorno seguro y estable.
Barquero insiste en que devolverla al monte o trasladarla a un centro convencional no sería viable: los animales habituados a humanos suelen sufrir estrés extremo, dificultades de adaptación e incluso riesgo vital.
Miles de firmas y una ciudadanía movilizada
La campaña impulsada por Empatía ha logrado un apoyo masivo en pocos días. Miles de personas han registrado su firma con datos verificables, un gesto que la asociación interpreta como una muestra clara de la sensibilidad social hacia el caso.
“Las personas no solo firman: quieren que Pepa tenga un final digno”, señalan desde la organización, que recuerda otros casos recientes en los que la retirada de animales se ejecutó de forma precipitada, sin valorar alternativas.
Un plan B: un santuario especializado
Si la Junta rechaza la custodia excepcional, Empatía propone una segunda opción: trasladar a Pepa a un santuario de fauna que cumpla con todos los requisitos legales y de bienestar animal. Entre los centros posibles mencionan el Santuario Vegan, que ya ha mostrado disposición a acogerla.
Lo que descartan por completo es su envío a una finca cinegética o a cualquier instalación donde su vida pudiera correr peligro.
Una campaña abierta y un debate necesario
La asociación asegura que la campaña no tiene fecha de cierre, seguirá activa “hasta lograr una solución satisfactoria”. Para Empatía, el caso de Pepa trasciende lo individual: abre un debate sobre cómo gestionar situaciones en las que los animales silvestres desarrollan vínculos con las personas y pierden la capacidad de vivir en libertad.
En La Vecilla, mientras tanto, Pepa continúa con su rutina: pasea por el pueblo, observa a los vecinos desde la distancia y espera pacientemente a Javier cuando él está trabajando.
El caso de Pepa, hace pensar a muchos en la necesidad de abordar estos casos con empatía, sentido común y voluntad política.


