El monasterio de San Pedro de Eslonza: historia, esplendor, ruina y legado
Fundado en 912 y arruinado tras la desamortización de 1835, fue uno de los más importantes de León; hoy solo quedan sus ruinas.
El monasterio de San Pedro de Eslonza constituye uno de los ejemplos más significativos del monacato benedictino en el Reino de León y, al mismo tiempo, uno de los casos más representativos de pérdida patrimonial en la España contemporánea. Situado en las inmediaciones de Santa Olaja de Eslonza, en el municipio de Gradefes, entre los ríos Esla y Porma, llegó a ser el segundo monasterio más influyente de la provincia de León, solo por detrás del poderoso cenobio de San Benito de Sahagún.

Foto de J. Vicente Álvarez
Su emplazamiento, en un territorio densamente articulado por instituciones religiosas, lo situaba en un entorno privilegiado junto a otros monasterios de gran relevancia como San Miguel de Escalada, Santa María de Gradefes y Santa María de Sandoval.
Fundación y primeros siglos
El monasterio fue fundado en el año 912 por el rey García I de León como cenobio benedictino. Su primera advocación estuvo dedicada a Santa Eulalia y a San Vicente Levita, aunque con el tiempo se consolidó la dedicación a los apóstoles Pedro y Pablo, que acabaría dando nombre definitivo al monasterio.

Foto de J. Vicente Álvarez
Su historia temprana se vio marcada por la devastación de 988, cuando las campañas de Almanzor arrasaron numerosos enclaves cristianos del norte peninsular. Eslonza fue destruido y despojado de todos sus bienes en el avance hacia León, quedando abandonado durante más de un siglo.
La reconstrucción llegó en 1099 gracias a la infanta Urraca de Zamora, hija de Fernando I el Magno. Urraca, que en 1109 se convertiría en reina de León, Galicia y Castilla, no solo restauró el cenobio, sino que lo dotó generosamente, devolviéndole su antiguo esplendor y asegurando su continuidad. A lo largo del siglo XII, Sancha Raimúndez reforzó su vinculación con Cluny, integrándolo en una de las redes monásticas más influyentes de Europa.

Foto de J. Vicente Álvarez
Durante la Edad Media, Eslonza acumuló propiedades, privilegios y donaciones, y su abad ejerció jurisdicción sobre diversas iglesias y territorios. Localidades como Villarmún, la Vega de Boñar o Rueda del Almirante aparecen estrechamente ligadas al monasterio en la documentación conservada, lo que evidencia su peso económico y social en la comarca.
Reformas renacentistas y barrocas
Tras siglos de actividad estable, el monasterio experimentó una profunda transformación arquitectónica en el siglo XVI. El edificio medieval se encontraba en estado ruinoso, lo que motivó una ambiciosa restauración iniciada en 1547. En estas obras intervino Juan de Badajoz, uno de los maestros más destacados del momento, junto con fray Pedro Martínez, procedente del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña.

Foto de J. Vicente Álvarez
La reforma renacentista dotó al conjunto de tres portadas monumentales y un amplio claustro, reflejo de la pujanza económica del cenobio en la época moderna. La gran fachada principal, concluida ya en el siglo XVIII, se levantó en estilo barroco y albergaba un destacado programa escultórico con imágenes de San Adrián, Santa Natalia, San Bernardo y San Benito, dispuestas en torno a un San Pedro central portando libro y llaves celestiales.
La portada principal, una de las piezas más valiosas del conjunto, se conserva hoy íntegra en la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, en la ciudad de León, adonde fue trasladada en el siglo XX.

Iglesia de S. Pedro de Renueva. Foto de J. Vicente Álvarez
Durante estos siglos, el monasterio mantuvo una vida regular y llegó a acoger a figuras destacadas de la Ilustración española. Entre ellas sobresalen el padre Benito Jerónimo Feijoo y Gaspar Melchor de Jovellanos. Este último, durante su estancia como pasante en Eslonza, dejó constancia de una copla popular que circulaba en la zona y que aludía con ironía a los pueblos vecinos:
Santaolaya y Villarmún,
Mellanzos y Palazuelos
hacen los hijos a medias
con los frailes de San Pedro.

Portada del monasterio antes del traslado.
La desamortización y la destrucción
El final del monasterio llegó con la desamortización de Mendizábal en 1835–1836. El cenobio fue vendido en pública subasta y comenzó un proceso de expolio sistemático que afectó tanto a su arquitectura como a su patrimonio mueble. Retablos, cuadros —incluidos algunos atribuidos a discípulos de Velázquez—, mobiliario litúrgico, campanas, relojes, capiteles y elementos constructivos fueron desmontados y repartidos por parroquias y pueblos de la provincia.

Foto de J. Vicente Álvarez
A pesar de su declaración como Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931, el deterioro continuó. En el siglo XX, el obispo Luis Almarcha Hernández adquirió los restos arquitectónicos que aún permanecían en pie y los incorporó a la nueva iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, donde se reutilizaron diversos elementos procedentes del antiguo cenobio.
Entre las piezas más valiosas destaca el arca de plata con las reliquias de San Adrián y Santa Natalia, una obra de madera forrada de plata cincelada con escenas de la vida de los mártires. Actualmente se conserva en el monasterio de las Carbajalas, en León.
Patrimonio disperso
El patrimonio de Eslonza se encuentra hoy repartido por numerosos pueblos de León. En Villamañán se conservan el retablo mayor, el púlpito, la sillería del coro, el reloj y las campanas. En Mansilla de las Mulas se reutilizó un fuste de mármol como guardacantón.

Foto de J. Vicente Álvarez
En Valdealcón, Mellanzos y Sandoval se emplearon capiteles procedentes del monasterio como pilas de agua bendita o bases de púlpitos. En Rueda del Almirante se conservan capiteles de época de repoblación que también pertenecieron al cenobio.
Estado actual y proyectos de recuperación
A pesar de la devastación sufrida, los restos del monasterio continúan protegidos como Bien de Interés Cultural. Los propietarios del solar, herederos de la familia Álvarez-Estrada, cedieron los vestigios al Ayuntamiento de Gradefes, que ha procedido a su vallado y señalización.

Foto de J. Vicente Álvarez
En las ruinas aún pueden identificarse con claridad las distintas dependencias que componían el conjunto monástico: la iglesia, el claustro, el refectorio, la cocina, la nevera, los almacenes y la red de canalización de agua. El objetivo municipal es avanzar hacia la musealización del enclave, realizar estudios arqueológicos y planimétricos y crear un centro de interpretación que reúna fotografías antiguas, piezas recuperadas y documentación histórica.
Significado histórico y patrimonial
San Pedro de Eslonza, fundado por el primer rey de León, representa un caso paradigmático de la trayectoria de muchos monasterios españoles: fundación altomedieval, esplendor románico y renacentista, estabilidad durante la Edad Moderna y destrucción tras la desamortización. Su historia permite comprender la importancia del monacato en la configuración del territorio leonés y, al mismo tiempo, la fragilidad del patrimonio cuando desaparecen las estructuras que lo sostienen.
Aunque reducido a ruinas, Eslonza sigue siendo un referente para la memoria histórica leonesa y un ejemplo de la necesidad de preservar y estudiar los restos de un pasado que, aun fragmentado, conserva un valor cultural incalculable.

