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Todos los Santos en la Región Leonesa: ánimas, castañas y calaveras de remolacha

Por La Región Leonesa · 18/10/2026 · 12 min de lectura
Todos los Santos en la Región Leonesa: ánimas, castañas y calaveras de remolacha

Cómo se vivía la noche de difuntos en los pueblos leoneses: la puerta arrimada para las ánimas, la güeste por los caminos, las campanas toda la noche y las remolachas con vela.

Hubo un tiempo en que, la noche de los Santos, en casa se rezaba junto a la lumbre y nadie se acostaba sin dejar unas castañas sobre la mesa. Hoy casi nadie lo recuerda. No era una manía de viejos: era la forma que tenían nuestros pueblos de hacer sitio, una noche al año, a los que ya no estaban.

En tierras leonesas, noviembre se conocía como el "mes de los santos" o "de las ánimas". Los castaños soltaban su fruto, se encendían las primeras lumbres del invierno y, según se creía, los muertos de cada casa volvían a calentarse junto al fuego. En las próximas líneas recogemos lo que todavía recuerdan, y en algunos sitios todavía hacen, los pueblos de la Región Leonesa.

De Roma a Cluny: por qué son dos días

La fiesta de Todos los Santos no siempre cayó en otoño. Se celebraba en primavera hasta que el papa Gregorio IV la trasladó, y fue el emperador Ludovico Pío quien la fijó el 1 de noviembre. El día siguiente lo reservó San Odilón, abad de Cluny, para las ánimas del purgatorio.

Conviene no confundirlas. El 1 de noviembre se celebra a los santos, a todos los que se cree que ya están en el cielo. El 2 se reza por los difuntos, por las almas que aún no han encontrado descanso. El día de nuestros muertos, en realidad, es el 2. Pero como el 1 es festivo, las visitas al cementerio y las flores se adelantaron a esa fecha, y el 2 se fue quedando vacío.

Hay quien mira todavía más atrás. Los pueblos celtas celebraban su año nuevo justo en estas fechas, con el Samaín: esa noche los difuntos bajaban a las casas, y había que dejar la puerta abierta y la lumbre encendida para que pudieran quitarse el frío. La Iglesia puso nombre y fecha a la fiesta, pero la idea de los muertos que vuelven a calentarse es mucho más vieja. Y es esa idea la que se repite, una y otra vez, en todo lo que contamos a continuación.

La puerta arrimada

La noche de difuntos, en nuestros pueblos, se esperaba visita. Se creía que los muertos de la casa volvían a calentarse junto al fuego, y cada comarca tenía su manera de recibirlos.

En el Páramo leonés, después de cenar, la familia se juntaba alrededor de la lumbre para rezar por los suyos y comer castañas. Antes de acostarse, alguien se encargaba de dejar la puerta arrimada, como decimos por aquí, para que las ánimas pudieran entrar a calentarse junto a la chimenea, y de dejar sobre la mesa unas castañas asadas para ellas. Un gesto tan sencillo que hay quien ve en él el origen del magosto.

En Sanabria, Aliste y La Carballeda se dejaba el fuego encendido y algo de comida para que los espíritus de la familia volvieran a calentarse esa noche.

En el Bierzo, al terminar las reuniones entre vecinos, se tapaban unas castañas con ceniza caliente para las ánimas. A la mañana siguiente, aseguraban los mayores, las castañas ya no estaban, y en la ceniza se veían las huellas de unos pies descarnados.

Se les guardaba lo mismo que había comido la casa, en la misma mesa donde se había cenado. Para nuestros abuelos, los muertos seguían siendo de la familia.

Campanas toda la noche

Existía la creencia de que las almas en pena andaban sueltas la noche de Todos los Santos, y por eso en muchos pueblos se tocaban las campanas durante toda la noche, para alejarlas.

En los pueblos salmantinos, las campanas empezaban a doblar ya por la tarde, con unos tañidos lúgubres que se repetían de madrugada y que metían el miedo en el cuerpo a los críos. Era el toque a muerto, y volvía a sonar cada noche de la novena de difuntos. La víspera se cantaban las vísperas en la iglesia, después de un rosario o un responso, y se hacía una procesión alrededor del templo por el alma de los difuntos.

En La Alberca, en la Sierra de Francia, la moza de ánimas sigue rezando por los muertos junto a la iglesia. Cuenta la leyenda que todo empezó una tarde de duro invierno, cuando una de las mozas encargadas de rezar decidió quedarse al cobijo del hogar. Su esquila cayó escaleras abajo con un estruendo que todo el pueblo entendió como un aviso de los difuntos. Desde entonces, lloviera, nevara o tronara, nadie volvió a faltar.

La güeste por los caminos

"Andad de día, que la noche es mía". Así se avisaba de que la noche de difuntos no era noche de andar solo, y hasta los pastores que pasaban la temporada en el monte bajaban esa noche a dormir a casa.

Por los caminos podía aparecer la güeste, o hueste de ánimas: una procesión de almas en pena, vestidas de blanco y con una vela en la mano, que salía de los cementerios para anunciar una muerte, hacer un reproche o llevarse a alguien con ella. Su nombre vendría del latín hostis antiqua, "ejército antiguo", y cada zona la llama a su manera:

  • Güeste o hueste de ánimas, como se dice en leonés.

  • Huéspeda de ánimas o santa compañía.

  • Procesión das ánimas y, en el habla de Forniella, "a buena xente".

  • Estadea, en Zamora, que es también el nombre del espectro que la encabeza: una mujer sin rostro que huele a sepultura.

La güeste ya aparece en los textos antiguos. Hacia 1570, el Auto de los desposorios de Moysen habla de la "mala güeste", y a comienzos del siglo XVII La pícara Justina compara a unos canónigos vestidos de blanco, entrando en la Catedral de León, con la propia hueste.

Quien se la encontraba tenía que trazar deprisa un círculo en el suelo para quedar separado de los muertos, y no aceptar nada de lo que le ofrecieran. Cada comarca guarda sus propias historias:

  • Burón. Las ánimas se aparecían de noche en el Puente de Torteros, envueltas en sábanas blancas, y pedían dinero o alhajas a cambio de dejar pasar sin daño.

  • Sigüeya. La procesión salía al paso de los mozos que tenían novia en un barrio distinto al suyo.

  • Tremor de Arriba. En las noches de invierno bajaba desde el convento de Cerezal una procesión de ánimas con velas encendidas, para exigir a la familia de algún vecino recién fallecido que cediera cierta finca al convento, si no quería que el alma del difunto penase para siempre.

  • Ponferrada. La tía Jesusona contaba que, para que un alma en pena descansase, un familiar tenía que romperle el hábito por detrás, "ya que por delante los llevan bien sujetos". Así se hizo, y el espectro desapareció. Pero el hermano que lo tocó murió al poco tiempo: allí se cree que quien toca a los espíritus no dura mucho.

  • Val de San Lorenzo. Al ti Santiago se le cayó la quilma de la burra junto a la tapia del cementerio. Pesaba demasiado para él solo, así que pidió ayuda a las ánimas, y de la tierra salió un brazo descarnado que le ayudó a subirla. Cuando el hombre, agradecido, le preguntó qué le hacía falta, el ánima le contestó que no andaba muy sobrada de padrenuestros.

Un padrenuestro. Eso era lo único que pedía el ánima a cambio de su ayuda: que alguien se acordara de ella.

Comarca a comarca

El Páramo

En Santa María del Páramo, la noche de ánimas trae la tradicional "Tapa de Ajo", que según la costumbre solo se prepara ese día del año.

Los Argüellos

En Genicera, la víspera de Todos los Santos sale la pendoneta funeraria, una pieza centenaria de damasco negro que aún acompaña los entierros y los responsos del cementerio. Después de la misa, al caer la noche, recorre el pueblo la Bueste d'Ánimas, que termina con la lectura de una Leyenda de Muertos de 1874, rescatada por el historiador David Llamazares Lara.

La Montaña

En Villalfeide, la Noche de Ánimas lleva ya varias ediciones recuperando las tradiciones leonesas de estas fechas, con lecturas sobre la güeste y unas sopas de ajo para terminar la velada. La asociación Montaña de Vadinia, por su parte, volvió a sacar a la calle la Güeste d'Ánimas, con las caras tapadas y antorchas en la oscuridad.

El Bierzo

El magosto berciano se celebraba la noche del 1 al 2 de noviembre, en plenos Santos y Difuntos. En el habla del Bierzo, magosto es la "operación de asar y comer castañas", y sus castañas viajaban lejos: a las cofradías de Ánimas de la Tierra de Campos, cuyos cofrades recibían el día 1 castañas cocidas con anís. Un rito que sentaba a la misma mesa a vivos y difuntos.

Zamora

En la capital, la Cofradía de las Benditas Ánimas procesiona por el interior del cementerio, una tradición que se tiene por única en España. En Sanabria, las reuniones de Todos los Santos se acompañan de castañas asadas con miel o cocidas con leche.

Salamanca

Por la zona de Béjar se celebran las calbotadas, y en la Sierra de Francia las calbochadas, que son las castañadas de estos días. En Villarino de los Aires se recuerda a una familia que dejaba en la tumba de sus difuntos tabaco, comida y vino. Y en la mesa no faltaban los huesos de santo, los buñuelos de viento ni la limonada de muertos.

Remolachas antes que calabazas

En el Páramo, los chavales vaciaban remolachas azucareras hasta darles forma de calavera y les metían dentro una vela encendida. ¿Por qué remolacha? Porque es el cultivo de la comarca, y estas son justo las semanas en que se arranca.

Remolacha azucarera

Las calaveras aparecían en las calles más oscuras, en los cementerios, en los campanarios o en los soportales de la iglesia a la salida del rosario. Había quien rompía la bombilla de la entrada de una casa, llamaba a la puerta y echaba a correr, dejando allí la calavera encendida. En San Pedro de las Dueñas la costumbre se alargaba durante la novena de difuntos de la primera semana de noviembre. Y en la Maragatería también podían verse, junto a los caminos, calabazas o remolachas huecas con velas dentro y agujeros en forma de calavera para asustar a los viajeros.

Antes de que la calabaza llegara de América, en buena parte de Europa occidental esto mismo se hacía con nabos. Y fue esa costumbre la que dio pie, en Estados Unidos, a las calabazas de Halloween.

Por eso da cierta pena ver cómo cada otoño se llenan nuestras plazas de disfraces y calabazas que nos llegan de fuera como si fueran una novedad, mientras las remolachas del Páramo, la güeste o la puerta arrimada se van quedando en la memoria de los más mayores. Lo que se celebra como algo moderno es, en el fondo, un pariente lejano de lo que ya hacían nuestros abuelos. Hay pueblos que no se resignan: Villalfeide planteó su Noche de Ánimas para plantar cara al Halloween más americanizado, y en el Páramo los colectivos "Comarca el Páramo Leonés" y "Para mi tierra" trabajan para que las calaveras de remolacha vuelvan a la calle.

Lo que queda

Hoy lo que más se mantiene es la visita al cementerio: limpiar las tumbas, cambiar las flores, encender una vela. Para muchos es también el último viaje del año al pueblo, antes de "cerrar la casa hasta la primavera". Y cada año, como lamentaba una vecina de Oteruelo, son más las tumbas que nadie toca.

Las ánimas, decían, no pedían mucho. Un poco de fuego, unas castañas y que alguien se acordara de ellas. Quizá este año merezca la pena dejar la puerta arrimada.


Texto: Mariaje Blanco.
Investigación: Mariaje Blanco, Rubén Silva y Belén Bodelón.


Fuentes documentales

  • Alfonso Turienzo Martínez, "La brujería leonesa", Revista de Folklore.

  • Xesús López Temez, "El magosto", Revista de Folklore.

  • Nicolás Bartolomé Pérez y Emilio Gancedo, Diario de León.

  • Armando Medina, "Las ánimas, dueñas de la noche", Diario de León.

  • Fermín Ferrero Ferrero, "El Páramo Leonés recupera su tradición de ánimas", Enredando.

  • "Genicera saca su pendoneta funeraria", Heraldo de León (octubre de 2026), y Ahora León.

  • "¿Noche de Ánimas o Halloween? La tradición leonesa vuelve a Villalfeide", Diario de Valderrueda.

  • "Los magostos del Bierzo", Diario de Valladolid.

  • Paco Colmenero, ZamoraNews, y Ana Pedrero, Hostelería en Zamora.

  • Luis Falcón, El Español, y La Gaceta de Salamanca.

  • "'Los otros', en Todos los Santos", Heraldo de León.

  • Astures, "Costumbres asturianas de la noche de ánimas".

  • La Región Leonesa: "Noche de ánimas, la Santa Compaña", "Procesión de ánimas en el Reino de León", "La moza de ánimas" y "La asociación Montaña de Vadinia rescata la Güeste d'Ánimas".

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