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Acebo

Árbol
Acebo
Ficha técnica
Nombre
Ilex aquifolium
Género
Ilex
Familia
Aquifoliaceae
Clase
Magnoliopsida
Altura
3–15 m
Longevidad
100–300 años

Hojas que pinchan, bayas que brillan

El acebo es uno de los árboles más reconocibles del bosque atlántico. Sus hojas perennes, coriáceas y de un verde oscuro brillante, presentan márgenes ondulados armados de espinas rígidas y punzantes, especialmente pronunciadas en las ramas bajas. Las hojas de la parte alta del árbol, fuera del alcance de los herbívoros, suelen tener los bordes mucho más lisos. En otoño e invierno, los ejemplares femeninos se cubren de llamativas bayas rojas que persisten durante meses y que constituyen un alimento fundamental para numerosas aves cuando el frío arrecia.

Es una especie dioica: hay ejemplares macho y hembra por separado. Solo las hembras producen las bayas. El tronco es gris claro, liso en los ejemplares jóvenes, y puede alcanzar los 15 metros en las mejores condiciones, aunque lo habitual en nuestras montañas es encontrarlo como árbol pequeño o arbusto de porte denso y redondeado.

Dónde crece

El acebo prefiere los bosques umbríos y húmedos de montaña, con suelos frescos y bien drenados. Se asocia frecuentemente al robledal atlántico, al hayedo y al bosque mixto de ladera. No tolera los suelos encharcados ni los ambientes secos y calurosos de la meseta.

En la Región Leonesa es una especie bien representada en la montaña leonesa: aparece en los valles de Laciana, Babia, La Cabrera y el Bierzo, así como en los puertos y laderas de la Cordillera Cantábrica. En Zamora está presente en la Sierra de la Culebra y en los alrededores de Sanabria. En Salamanca se localiza en la Sierra de Francia y Las Batuecas, donde forma ejemplares de notable porte.

Protección y usos

El acebo está legalmente protegido en toda España: está prohibido cortarlo, arrancarlo o recolectar sus ramas sin autorización. Esta protección responde a la presión histórica que sufrió durante siglos como planta ornamental navideña y como forraje para el ganado en invierno, lo que redujo drásticamente sus poblaciones en muchos montes.

Sus bayas, aunque tóxicas para las personas y la mayoría de mamíferos, son un recurso alimenticio esencial para aves como el zorzal, el mirlo y el arrendajo, que actúan como dispersores de sus semillas. Su madera, blanca y compacta, fue muy apreciada históricamente en tornería y para la fabricación de mangos y utensilios.

Curiosidades

El acebo es uno de los pocos árboles del bosque europeo que mantiene sus hojas verdes durante todo el invierno, lo que lo convierte en un refugio y fuente de alimento insustituible para la fauna cuando el resto del monte está desnudo. Esta persistencia invernal le ha valido un lugar destacado en el simbolismo de numerosas culturas desde la antigüedad.

Las espinas de sus hojas no son simples defensas pasivas: se ha comprobado que los ejemplares sometidos a mayor presión de herbivoría producen hojas con espinas más densas y puntiagudas, mientras que las ramas altas de un mismo árbol, inaccesibles al ganado o los ciervos, presentan hojas casi lisas. Es una adaptación plástica en tiempo real al nivel de amenaza que percibe el árbol.

Algunos acebos de las montañas leonesas son ejemplares de varios siglos de antigüedad. En condiciones favorables y sin interferencia humana, la especie puede llegar a los 300 años, con troncos retorcidos que llegan a medir más de 40 centímetros de diámetro.

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