Valdorria: Una cápsula del tiempo
Un pueblo encaramado entre rocas como el nido de un águila. Unos senderos que remiten a pastores con tradición de siglos. Manantiales que surgen espontáneamente y que son pura fuerza vital de las montañas. Historia con las heridas de nuestra guerra civil. Ejércitos del siglo XX y guerrilleros desesperados. Luchas entre ideales que causaron dolor y gloria. Supervivencia pura.
El Entorno
Al pueblo de Valdorria se accede mediante una carretera que sube desde Valdepielago.

Una carretera épica. Carretera también de otra época. Desniveles que ponen a prueba la pericia de los conductores y la resistencia de las máquinas.

Una vez arriba un paisaje majestuoso nos eleva sobre el mundo. Nos aleja miles de kilómetros de la realidad. No hay estrés ni ansiedad urbanita que pueda resistirse a este antídoto.

La senda comienza engañosa bajando hacia un valle, pero es solo una ilusión. Las siguientes partes de la ruta serán siempre un sube y baja con una gran pérdida y ganancia de altitud.
Robles y manantiales son acompañantes mudos del caminante. Quizá nos miran curiosos. Quizá se quejan de nuestra invasión. Se va subiendo hasta divisar la ermita de San Froilán. Si hay que creer en los milagros este sería el mejor escenario. Todo es irreal, estratosférico en estos lugares.
Importancia histórica
Tras dos horas de caminata se llega a la explanada de la cresta que domina todo el valle de Valdepiélago. Se divisa incluso La Vecilla. La importancia de este enclave geoestratégico es clarísima.


Por eso fue el teatro de operaciones de los ejércitos nacionalista y republicano durante la guerra civil. Los milicianos, en situación muy precaria y armados con lo justo, resistieron hasta mil novecientos treinta y ocho los embates del Ejército, modernamente equipado, que Franco había mandado a combatirlos.

Restos de casamatas y búnkeres se prodigan aquí y allí. Las condiciones de vida y del combate debieron ser extremas. Gentes duras y exaltadas de ambos bandos son las únicas que podían haber llevado a cabo la hazaña de luchar en estas circunstancias.
Cada peña cuenta una historia de riesgo y crueldad a partes iguales. Cada peña costó sangre ser conquistada. El paisaje recuerda aquella tragedia.
El Regreso
El camino de vuelta pasa por la cascada de Valdorria.

Cascada de difícil acceso, cuyas dimensiones son como de película de aventuras. Uno se siente un moderno Indiana Jones cuando observa la caída del agua y el espacio entre las rocas. Llegar hasta este escondido tesoro implica pagar el precio de cuestas casi verticales y sendero inestable. El grial de la cascada se esconde de los menos determinados a conquistarlo. Hecho un alto en el camino, la subida al pueblo vuelve a ser intensa, pero la perspectiva de poder ver otra vez los valles desde Valdorria merece la pena.
Han sido cinco horas de estar en la cima del mundo. Cinco horas de contemplar la grandeza de la tierra leonesa. Cinco horas de recordar sus heridas y su avatar. Cinco horas fuera del mundo.
Si uno quiere vivir una experiencia mística debe hacer la ruta de Valdorria. Es un lugar que te atrapa y te golpea. Que te deja noqueado. Y después te cambia la vida.

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Autor
José Vicente ÁlvarezApasionado por la Región Leonesa y convencido de esta frase: "El Futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer". Profesor de Historia en el I.E.S. Eras de Renueva de León
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