La Catedral de la Montaña: Joya simétrica de la Cordillera Cantábrica
Descubre este espectacular edificio en mármol rosa con mucha historia
En el confín del valle del río Dueñas, donde la montaña del Esla se quiebra en picos de caliza refugiándose en bosques de haya y roble, se esconde una joya arquitectónica insólita.

Su nombre, Lois, que deriva de "Loides", palabra de origen prerromana, y sus tierras fueron una vez el coto de caza de osos preferido por los reyes de León.

Aunque, lo que verdaderamente sobrecoge al viajero que cruza este angosto valle no es su imponente naturaleza, que de eso va sobrada la zona, sino la silueta monumental que emerge entre las casas del pueblo: una soberbia obra del barroco tardío conocida desde siempre como "La Catedral de la Montaña".
Cuna de hidalgos y grandes dignatarios
Para comprender las dimensiones y la riqueza histórica-artística de la iglesia de Lois, es necesario mirar al pasado del municipio y a sus gentes.

Casa con teitu en Lois
Protegido por portentosas montañas, Lois no era un pueblo "normal", era un reducto (del latín reductus: apartado, retirado) donde casi la totalidad de sus habitantes ostentaba la condición de hidalgos, un estatus que aún hoy pregonan los solemnes escudos de armas cincelados en las fachadas de sus casonas.

Palacio de los Álvarez-Reyero, uno de tantos en el municipio
Las grandes familias cremenenses, lideradas por los Álvarez Acevedo y los Rodríguez Castañón, convirtieron este recóndito rincón de la montaña en un insospechado foco de influencia y erudición.

Enviaban a sus hijos a los más prestigiosos seminarios y universidades, o a labrarse una carrera militar y administrativa en las Indias, algo que no estaba al alcance de todos. Desde el siglo XVI, este pequeño núcleo rural vio nacer a tres obispos, un prior de San Marcos, un regidor en Perú y un gobernador de Filipinas.
Esta edad de oro en el pequeño pueblo montañés, culminó en 1740 con la fundación de su célebre Cátedra de Latín, transformando a Lois en el epicentro cultural de la montaña leonesa.
El mecenazgo que desafió a la distancia
La construcción del templo fue una empresa familiar y un acto fe en toda regla, que conectó las altas esferas eclesiásticas directamente con Lois. La idea original de rehacer la antigua y modesta iglesia medieval nació de Don Francisco Rodríguez Castañón, obispo de Orense y Calahorra.
Tras el fallecimiento del obispo orensano, el testigo fue recogido con determinación por varios personajes que aportaron su labor en el futuro templo:
El diseño: Su sobrino, Don Jerónimo, encargó los planos al reputado arquitecto toledano Fabián Cabezas.
La financiación: Don Juan Manuel Rodríguez Castañón, obispo de Tuy, aportó el inmenso capital necesario para ejecutar una obra de tal envergadura.
La ejecución: Las obras se desarrollaron entre 1755 y 1764 bajo la dirección de Fernando Compostizo, maestro constructor que por entonces trabajaba también en la mismísima Catedral de León.
Geometría de mármol rosa: Arquitectura excepcional
El impacto visual al visitar la iglesia de Lois es inmediato.

Acostumbrados a un barroco tradicional excesivamente recargado o lleno de elementos decorativos, el templo que nos ocupa sorprende por un estilo depurado, limpio de ornamentos superfluos, donde la belleza reside en la pureza de sus líneas y en la calidad de sus materiales.

Construida con mármol veteado de un característico tono rosado, extraído directamente de la cantera local.
Simetría perfecta
El edificio tiene un rigor geométrico y una simetría absolutos, transformando su planta de cruz latina en un rectángulo perfecto en el exterior, suavizado por la imponente verticalidad de su fachada
Exterior: El diseño se equilibra con dos esbeltas torres a los pies, dos pórticos contrapuestos (el osario al norte y el atrio al sur) y dos sacristías flanqueando el cabecero.
Interior: Al cruzar el umbral, el visitante se encuentra ante un espacio de proporciones matemáticas perfectas. El módulo de diseño es el ancho de las pilastras, una medida que se multiplica exactamente por 14 para definir la longitud de la nave y por 8 para establecer su anchura.

El espacio interior lo corona una majestuosa bóveda de cañón y una cúpula de media esfera. Custodia además, varios retablos de la época de construcción y una valiosa colección de piezas de orfebrería de diversas procedencias.

Destaca la capilla dedicada a la Virgen del Pilar, espacio que fue reservado como panteón y memoria de la familia del gran donante, el obispo Don Juan Manuel.

La iglesia de Lois nos recuerda una época en la que la cultura ilustrada y el poder de una estirpe de montaña fueron capaces de levantar un palacio para la fe en mitad de la roca y los bosques leoneses.
Un auténtico tesoro de nuestro patrimonio que aguarda ser descubierto.
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Autor
Mariaje BlancoViajera de mundos, lectora de la vida, en constante búsqueda de belleza y significado.
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