Urogallo Cantábrico
Pocas aves representan tan bien el alma salvaje de las montañas leonesas como el urogallo cantábrico, una subespecie exclusiva de la Cordillera Cantábrica que no existe en ningún otro lugar del mundo. Es el mayor galliforme de Europa y, a la vez, uno de los símbolos más frágiles de la conservación en la Región Leonesa.
El macho y la hembra apenas se parecen, hasta el punto de que durante siglos muchos cazadores y pastores los tomaban por especies distintas. Él es un animal corpulento, de plumaje negro pizarra con una banda pectoral verde oscuro metálico, cola larga y redondeada, pico color marfil y una llamativa mancha roja sobre el ojo. Ella es hasta un 40% más pequeña, con un plumaje terroso, barrado y moteado, que la camufla a la perfección entre la hojarasca del bosque, algo esencial para una madre que incuba y cría completamente sola.
Un bosque muy concreto
El urogallo cantábrico vive en bosques maduros de hayas, robles, abedules y pinares silvestres, entre los 1.200 y los 1.600 metros de altitud (sus parientes pirenaicos suben algo más, hasta los 2.000). No le vale cualquier bosque: necesita del orden de 500 hectáreas continuas de masa forestal tranquila para mantener una población viable, y por eso es un indicador biológico tan exigente. Su relación con el arándano es casi de dependencia: le da alimento, cobijo y, en verano, las orugas que necesitan sus polluelos para crecer. De hecho, allí donde no crece el arándano —como en algunas poblaciones catalanas históricas— el urogallo es una rareza.
En invierno, cuando escasea casi todo lo demás, sobrevive comiendo exclusivamente acículas de conífera, un alimento tan pobre en nutrientes que le obliga a permanecer inactivo la mayor parte del día para ahorrar energía: apenas se mueve del árbol donde pasa la noche, limitándose a comer lo justo para sobrevivir hasta la primavera.
El canto del cortejo
Entre marzo y mayo, antes del amanecer, los machos se reúnen en unos puntos fijos del bosque llamados cantaderos para disputarse a las hembras. Allí despliegan la cola en abanico, levantan la cabeza, hinchan el cuello y dejan caer las alas mientras ejecutan un canto muy particular, dividido en fases con nombre propio: primero una serie de chasquidos, luego un "redoble" que se acelera, después un brusco "taponazo" —el famoso golpe seco que recuerda al corcho de una botella de champán— y por último una larga "seguidilla" de jadeos. Contar los machos que cantan en cada cantadero es, de hecho, el método que usan los biólogos para estimar cuántos urogallos quedan en una zona.
Cría en el suelo
La hembra construye un nido muy somero directamente en el suelo del bosque, donde incuba entre 6 y 10 huevos durante 26 días, siempre sin ayuda del macho. Los pollos son precoces: abandonan el nido casi recién nacidos y ya son capaces de volar, aunque de forma torpe, a las 2-3 semanas de vida. Quien sobrevive a esa primera etapa tiene, en libertad, una esperanza de vida adulta de en torno al 60% de supervivencia anual, y los machos más longevos pueden llegar a los 14 años en estado silvestre.
La subespecie más amenazada de España
El urogallo cantábrico está catalogado como "En Peligro Crítico". En España sobreviven en total menos de 1.500 ejemplares entre las dos poblaciones existentes: unos 292 en la Cordillera Cantábrica y 404 en los Pirineos, y ambas han sufrido descensos de más del 50% en los últimos veinte años. Solo entre 1981 y 2003, el área ocupada por la especie en la cordillera se redujo un 66%.
Las amenazas se acumulan: la fragmentación forestal empuja a las aves hacia zonas más abiertas y expuestas a los depredadores, el ciervo y el jabalí compiten cada vez más por el arándano del que depende el urogallo, las colisiones contra los cercados ganaderos causan bajas silenciosas, y a todo eso se suman el furtivismo residual, el turismo de montaña y las molestias humanas justo en la época de celo, el momento más vulnerable de todo su ciclo anual.
Los esfuerzos de reintroducción
La Junta de Castilla y León mantiene desde hace años un programa de conservación centrado en el Centro de Cría de Valsemana (León), con una inversión que ronda los 5 millones de euros en su primer lustro largo de funcionamiento. Allí se ha logrado un hito histórico para la especie: la reproducción del urogallo cantábrico en cautividad, un desafío biológico considerado casi imposible durante décadas y que ya ha permitido criar decenas de polluelos en una sola temporada.
El verdadero reto, sin embargo, sigue estando en la suelta al medio natural. Los intentos realizados hasta ahora, como la liberación de un grupo de ejemplares en la ZEPA del Alto Sil, han dejado datos muy duros: la inmensa mayoría de las aves no sobrevivió más allá de los primeros meses, y la depredación —sobre todo por zorro, seguido de aves rapaces y marta (Martes martes)— se llevó la práctica totalidad de las bajas. El seguimiento por GPS de esos ejemplares sí dejó lecciones útiles para el futuro: los grupos mixtos de machos y hembras se defienden y detectan antes las amenazas que los grupos de un solo sexo, un dato que ya se aplica en el diseño de las siguientes sueltas, junto con entrenamiento antipredatorio de las aves y control de depredadores oportunistas en las zonas críticas.
Curiosidades
Su caza está prohibida en España desde 1979. Antes de eso, los cazadores más experimentados sabían que, durante un breve instante de su canto de cortejo, el macho queda prácticamente sordo y ciego a lo que ocurre a su alrededor, un momento que aprovechaban para acercarse sin ser detectados, un dato que ayuda a explicar la enorme presión histórica de caza que sufrió la especie.
Su nombre científico completo, Tetrao urogallus cantabricus, refleja que se trata de una subespecie propia, aislada desde hace miles de años de las poblaciones de urogallo del resto de Europa y de los Pirineos, lo que la convierte en un patrimonio genético único que, de perderse, no se podría recuperar en ningún otro lugar del mundo.
Estrategia de Conservación
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuenta con una estrategia nacional específica para la conservación del urogallo cantábrico, el documento marco que coordina las actuaciones de todas las administraciones implicadas en salvar a la subespecie. Puede consultarse completa a continuación.