El Concejo Abierto: ¿Y si la solución a nuestros problemas estuviera en lo que hacían nuestros abuelos?
A veces da la sensación de que el mundo se va al garete: que si la política no funciona, que si la economía no tira, que si cada vez estamos más solos y pegados a una pantalla...
Parece que hemos perdido la esperanza de que las cosas cambien. Pero, ¿y si te dijera que en los pueblos de León llevan siglos haciendo algo que nos podría salvar hoy?
Te hablo del comunal y del concejo abierto.
"No es de nadie, pero es de todos"
En muchos pueblos leoneses, especialmente los de la montaña, ni los bosques, ni los pastos ni las fuentes son de una empresa o político alguno ¡son de la gente!. Pero ojo, no es que cada uno haga lo que le de la gana; funciona con una lógica distinta a la de "esto es mío". Es un sistema de uso: tú puedes usarlo porque eres del pueblo, pero no puedes adueñarte de ello.
Para que esto no sea un caos, la gente tiene que hablarse, y aquí es donde entra el Concejo o Conceyu, una reunión de vecinos donde se decide todo a cara descubierta. En León hay más de 1.200 juntas vecinales que aun funcionan así. Es democracia de la buena, de la de sentarse a debatir hasta ponerse de acuerdo, nada que ver con el circo político al que nos han acostumbrado a padecer.
Las herramientas de toda la vida que hoy necesitamos
Son ..."cosas" que parecen de otro tiempo... pero que tienen todo el sentido del mundo ahora:
La Facendera (o hacendera): Es cuando el pueblo se junta para arreglar algo. "Oye, que el camino está fatal". Pues se queda un sábado y se arregla entre todos. No es solo por la reforma en sí, es que mientras sudas y "das el callo" con tu vecino, creas un vínculo que no te da ningún Facebook. Sentir que el pueblo es tuyo porque lo cuidas tú ¡no tiene precio!
La Casa del Toro (o corral del toro): Antiguamente, tener un toro era carísimo para una sola familia. ¿Qué se hacía? Comprar un toro para el pueblo. Lo cuidaban entre todos, y se "apañaban" para usarlo en sus tierras, con el ahorro de esfuerzo que eso conllevaba. Hoy lo llamamos "economía colaborativa", pero los leoneses ya lo inventaron hace siglos: compartir lo que cuesta mucho y se usa poco, con el fin de que todos disfruten de un bien caro.
El Filandón y la Bolera: No todo es trabajar. El filandón era la excusa para juntarse por las noches a ver a tus vecinos, y escuchar historias mientras se hilaba o se pelaba el maíz. Y la bolera es donde se echa la tarde. Parece solo algo lúdico, pero en ese lugar y en ese momento es donde se arreglaban los líos con una copina de vino, se conocía a la gente y se aprendía a respetar las reglas. Cuando en muchas aldeas dejó de haber espacios para jugar y charlar, el pueblo y su cultura ancestral se fue muriendo poco a poco.
Las Campanas: Antes no había WhatsApp. Las campanas eran el lenguaje del pueblo. Había un toque para avisar de una reunión (concejo), otro si había fuego y hasta uno para intentar alejar las tormentas ("tocar a nube"). Era una forma de estar todos conectados a lo que pasaba, y además podías dormir tranquilo sabiendo que el pueblo cuidaba de ti.
¿Por qué nos importa esto ahora?
Al final, lo que nos enseña el modelo de los pueblos de León es que nos necesitamos unos a otros. Nos han enseñado a vivir cada uno en su burbuja (mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi móvil...), pero la realidad es que solos somos más débiles.
El concejo abierto y las facenderas nos dicen que hay otra forma de organizarse, una donde la comunidad es lo primero, donde se cuida lo que es de todos y donde nadie se queda atrás. Entender nuestras raíces, nos revelará la guía de supervivencia para el futuro.
Porque no se trata de quién llega antes, sino de que lleguemos todos.
Autor
Rubén SilvaApasionado de nuestro legado histórico y cultural. Monitor de cultura tradicional leonesa, Técnico especialista en Dinamización del Medio Rural y Desarrollador de aplicaciones web.
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