Apaycachana y la otra realidad. Dos mundos opuestos
El acto se convirtió en una “loa al biogás”
Una charla informativa a destiempo
Cuando el pasado 21 de septiembre tuvimos conocimiento de que la empresa Apaycachana-6, S.L., promotora de la planta de biogás proyectada en las instalaciones de Vidanes dentro del Polígono Industrial de Cistierna, pensaba celebrar un acto sobre “Energías renovables y desarrollo rural”, la primera reacción, tanto desde la Plataforma en defensa de la vida en la Montaña Oriental Leonesa como desde la Asociación EslaVIDA, fue de sorpresa y perplejidad. Ahora que la planta ya había recibido todas las bendiciones de la JCYL, pese a la oposición vecinal, planteaban una “charla informativa” con entrada libre en la carpa del Hotel Puerta de Vadinia de Cistierna, a celebrar un lunes 28 de septiembre. A buenas horas, se podría pensar.
Se abría una doble oportunidad. Por una parte, organizar un acto reivindicativo paralelo que dejara ver a los asistentes e invitados al evento nuestro rechazo al proyecto; y por otra, participar activamente en la charla para saber de primera mano cuál es la idea que vende la empresa.
Un acto a la medida de la empresa
Sin excesiva sorpresa, llegamos a un acto donde los empleados, en algunos casos acompañados de sus familias, habían sido convocados para arropar a la empresa ante tan atrevida iniciativa. Al otro lado, un elenco de figuras del mundo del biogás: profesores universitarios “independientes”, miembros de varias empresas y asociaciones del “lobby” gasístico nacional, una técnica en representación de la propia empresa y, como nota de color, el alcalde de un pueblo lejano para contarnos su experiencia con estos temas.
El acto se convirtió en una “loa al biogás”, alabando sus virtudes y disculpando sus posibles defectos, riesgos e inconvenientes como algo natural. Hasta el profesor universitario maquillaba sistemáticamente los datos bajo un aura de supuesto rigor científico irrebatible. Fue tan descarado el sesgo, promovido además por “la moderadora”, que comenzaron a soliviantarse los ánimos entre los asistentes que no tenían vínculo contractual con la convocante, y que en algunos casos interrumpieron la charla para corregir los reiterados “deslices” de los intervinientes. Cuando llegó el turno de preguntas, desde la organización se cercenaban las intervenciones demasiado incisivas y se intentaba que nadie se saliera del guion preestablecido.
Las voces ausentes
Los que pudieron intervenir mostraron su sorpresa por la ausencia de personas de otros ámbitos que rompieran la monótona monocromía de los invitados por la empresa, que evitaron durante sus intervenciones los temas sensibles que realmente preocupan e inquietan a los habitantes de la zona, más allá de las cuestiones puramente industriales o de beneficio empresarial.
Ni medioambientalistas, ni biólogos, ni geólogos, ni zoólogos fueron invitados al acto, tal vez para evitar cualquier posible voz discordante. Y ni una sola referencia, ya no solo a la afectación del medio natural, sino al impacto humano de la planta y su actividad.
Los vecinos desmontan el discurso
La totalidad de las intervenciones del público desmontaron las argumentaciones que, bajo un barniz técnico y de sostenibilidad, defendía la empresa por boca de sus “expertos”. Los vecinos expusieron, no sin dificultades, los tremendos riesgos sanitarios, ecológicos y medioambientales y, por otro lado, las consecuencias económicas y humanas para toda la población de la comarca en torno a la planta. Sin duda, todo un ejercicio de “greenwashing” promovido por la empresa.
Ello no impidió que se tocaran otros temas:
La declaración de las montañas de León como territorio SIPAM.
La necesidad de buscar alternativas ocupacionales de calidad también en la España rural, que no tiene por qué verse obligada a aceptar aquellas actividades dañinas y nocivas que no quieren ser asumidas en las zonas donde se producen la mayoría de los residuos que se pretenden “tratar” aquí, y que la empresa, con la autorización y promoción de la JCYL, se empeña en “procesar” en Vidanes para solucionar un problema que, curiosamente, no teníamos antes de su actividad.
La incompatibilidad con el modelo turístico de calidad de la Montaña Leonesa.
El efecto llamada para otras actividades molestas y potencialmente peligrosas.
La escasa o nula influencia sobre el empleo en la zona.
Lo que quedó en evidencia
Quedó en evidencia, una vez más, que la actual planta de compostaje parece ser el germen de todos los problemas actuales, y no se despejaron dudas sobre la inocuidad de los “abonos” producidos en la planta ni sobre su correcto procesamiento, ya que llevan días llenando el pueblo de Vidanes de un hedor insoportable, problema creciente en los últimos años ante la indiferencia de las autoridades locales y que en nada se asemeja al abonado tradicional de sobra conocido.
Una charla informativa a destiempo
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