Torreón andalusí de Villasabariego

Torreón andalusí de Villasabariego

Los restos del torreón andalusí de Villasabariego son escasos y poco documentados. Su origen se vincula a la arquitectura defensiva islámica, probablemente de época califal o taifa, aunque no hay estudios concluyentes.

En el corazón de Villasabariego, entre los vestigios de la antigua ciudad astur-romana de Lancia y los ecos del románico leonés, se alzan (o más bien, se insinúan) los restos de lo que fue un torreón andalusí. Apenas cuatro hiladas de ladrillo sobreviven al paso del tiempo, ocultas entre maleza y silencio. Este rincón olvidado merece ser rescatado del anonimato.

Un vestigio casi invisible

Los restos del torreón se encuentran en estado de ruina extrema. No hay señalización, ni protección, ni estudios arqueológicos recientes que lo documenten con precisión, ni si quiera nadie se preocupó de insertarlo en la lista roja de patrimonio.

Su aspecto (ladrillo cocido dispuesto en hiladas horizontales, con mortero de cal) recuerda a las técnicas constructivas empleadas en fortificaciones islámicas entre los siglos IX y XI, especialmente en la época califal. Sin embargo, no existe una datación oficial ni excavación que lo confirme.

Lista Roja

A pesar de su estado de total abandono, el torreón de Villasabariego no figura en la Lista Roja del Patrimonio.

Esto podría deberse a la falta de documentación formal o a que su existencia ha pasado desapercibida para las instituciones encargadas de la protección patrimonial. Su inclusión sería lo mínimo que podrían hacer para reparar esta dejadez, dado el inminente riesgo de desaparición total.

Su historia

Villasabariego se sitúa entre los ríos Porma y Esla, en una zona históricamente disputada y de indiscutible gran valor estratégico. Durante la Alta Edad Media, este valle fue frontera entre el reino astur y Al-Ándalus. 

No hay estudios arqueológicos ni fuentes oficiales que permitan datar con certeza el torreón de Villasabariego. Sin embargo, por su técnica constructiva (hiladas de ladrillo cocido y mortero de cal) y su ubicación estratégica, se presume que podría ser de época andalusí, posiblemente entre los siglos IX y XI. Esta atribución es hipotética y no confirmada

¿Por qué importa?

Aunque apenas queden ladrillos, el torreón representa una parte más de nuestra historia. Su origen andalusí lo convierte en un testimonio extraño y valioso de la presencia de asentamientos islámicos en la provincia de León, una historia que suele quedar eclipsada por el legado romano y cristiano. Además, los pocos edificios andalusíes que resistieron en pie tras el paso de los ejércitos leoneses, fueron reconvertidos o ampliados, pero como digo no hay muchos propiamente andalusíes.
Este artículo es un llamamiento a la investigación, a la protección y al reconocimiento de un patrimonio que, aunque oculto, forma parte de nuestra memoria colectiva.


José Antonio Rodríguez