Interferencias lingüisticas y culturales en EI Rebollar

Algunas propuestas para la transcripción gráfica de conversaciones, relatos y testimonios orales en la modalidad rebollana

Interferencias lingüisticas y culturales en EI Rebollar

Investigación de Ángel Iglesias Ovejero. II Jornadas Internacionales de estudio del Rebollar. Julio de 2005

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN:
El presente texto procede de materiales recopilados y estudiados por Ángel Iglesias Ovejero (Universidad de Orléans). La transcripción se ha realizado a partir de documentos originales y grabaciones históricas, por lo que pueden aparecer errores tipográficos, gramaticales o de reconocimiento automático (OCR). Se ha procurado respetar al máximo la forma dialectal y las particularidades lingüísticas del habla rebollana.

Cuando se presentó la primera versión de este trabajo, en las jornadas sobre normas y normalización en la lengua y la cultura del mundo hispánico, organizadas por el Departamento de Español de la Universidad de Rurán, se insistió en su enfoque sociolingüístico y dialectológico. Pero ya entonces se trataba de testimonio personal del ponente sobre algunos aspectos de interferencias lingüísticas y culturales en su Rebollar natal, pequeña comarca que en esta ocasión no necesita mucha presentación.
En este pequeño rincón del suroeste salmantino, doblemente fronterizo con Portugal y Extremadura, existe una modalidad de habla un tanto especial, a la cual desde Menéndez Pidal hasta hoy se le ha prestado una atención creciente en la dialectología hispánica, en cuya disciplina se inscriben algunos trabajos personales del que os habla y que desde ahora espera vuestra disculpa por la falta de modestia que pudiera haber en la alusión a sus propias realizaciones. Sin embargo, al habla de El Rebollar se le desconocen hasta ahora manifestaciones escritas, e incluso solo recientemente y en contados casos las manifestaciones orales han empezado a ser transcritas. Con ello, y para estar acorde con el tema, queda justificada la aspiración a darle a esta intervención cierto carácter informal y oral, una charla que puede adoptar la experiencia autobiográfica como principio de exposición y que, al menos someramente, querría evocar la situación lingüística rebollana.

sus causas y efectos, así como señalar la presumible necesidad de hallar algunos criterios de transcripción o escritura: un esbozo de normativa destinado a evitar o paliar el fatal desenlace de lo que todavía es un conflicto de normas lingüísticas, es decir, la desaparición de la modalidad vernácula, de la que por esa vía se salvarían algunos vestigios y quedarían para la posteridad testimonios del acervo cultural rebollano.

1. Polimorfismo

Dejando para mejor ocasión los presupuestos teóricos, la primera vez que, clara y distintamente, le hicieron sentir al ponente el hecho lingüístico diferencial fue en la escuela. Es sin duda una experiencia bastante anodina en sí, salvo que, en este caso, de lo que se decía familiarmente “casi nada estaba bien dicho” en la escuela. El maestro explicaba que aquello que se decía en casa había que aprender a decirlo bien, sin explicitar de qué lengua o norma se trataba, pero quedaba claro que, por los argumentos de estaca a menudo empleados, se identificaba con la suya, la que él enseñaba.

Así, por ceñirse al nivel fonético‑fonológico:

  • no butru, sino burro,
  • no madri, sino madre,
  • no metá, ni ázil, sino mitad y azul,
  • no entriega, sino entrega,
  • no matancía, sino matanza,
  • no abrufru, sino brufru,
  • no puiu ni comiu, sino podido y comido,
  • no redi, sino red,
  • no p’aquí, sino para aquí,
  • no lambel, sino lamer,
  • no julgal, sino juzgar,
  • no palral, sino parlar o mejor hablar,
  • no idil, sino decir,
  • no jadel ni jidun, sino hacer e hicieron,
  • no mojosu, sino mohoso,
  • no lesna, sino lezna,
  • no meyodía, sino mediodía,
  • no peñiscal, sino pellizcar,
  • no templanu ni praza, sino temprano y plaza,
  • no calni, sino carne,
  • no agarrami, sino agarrarme,
  • no la sé, sino la sed.
  • - no cdrci, sino cdrcel (imposible de olüdar por hallarse la misma debajo
    de la escuela de los niflos),
    - etc.

Naturalmente, había muchas deficiencias y excesos en la pronunciación, o mejor dicho habrían sido consideradas tales según la perspectiva lingüística del maestro, pero este no tenía ocasión de corregirlos todos en la escuela, entre otras razones porque el silencio era la mejor manera de no llamar la atención y evitar reprimendas, que eran cosa hecha cuando se escapaba algún mote. Tío Gelipi Tropu, gracias a un enérgico toque de la varita en la mano del infractor, se transformaba rápidamente en el señor Felipe Gutiérrez, pero tampoco es seguro que, llegado el caso, hubiera sabido identificar y proponer las equivalencias adecuadas para términos y expresiones peculiares alusivos al trabajo y ocupaciones de los mayores, como:

- barün 'barzôn',
- cdmbidu 'tim6n del trillo',
- encetal'decentarn,
- cafra btrrera' caflaheja',
- ovejas jorras (ovejas sin cria),
- vas corriu'vals',
- gaspachu de burru cansdu (sopa de vino dulce),
- il de juélliga (ofrecer gratuitamente una prestaciÔn laboral para el bien
comün, principalmente arreglar caminos),
- ajuntaljolliza (recoger la hoja del pino),
- la juenti las Vertuis ('la fuente de las Virtudes'),
- la Rolapé (el arroyo de la Pez),
- Ciarrodrigu (Ciudad Rodrigo),
- etc
Así pues, desde las primeras clases, los niños de El Rebollar empezaban a vivir una situación de diglosia, aunque sin bilingüismo propiamente dicho, según la clasificación de Fishman que recoge Moreno, porque antes, durante y después de la escuela todo el mundo se entendía en la misma lengua, la cual, para evitar malentendidos, sería preferible llamar español y no castellano. Para ser exactos, quedaba relativamente claro que esa lengua en que todo aquel mundillo comunicaba se podía hablar de dos maneras, pero solamente una de ellas tenía estatuto oficial reconocido y la imponía normativamente el maestro. Por tanto, esto quiere decir que en la perspectiva del hablante, a nivel fonético o morfológico, los signos podían presentar a menudo dos significantes. Y en consecuencia, años más tarde y con la ayuda de las teorías de Coseriu, Pottier y Alvar, el fenómeno fue analizado en términos de polimorfismo en un trabajo académico. Sin embargo, y para darle a cada uno lo suyo, ya en 1954 Jacques Allières había definido el concepto de polimorfismo que en dicho trabajo se manejaba, es decir, la coexistencia de dos o más variantes fonéticas o morfológicas en la lengua de un hablante, cuando ello es independiente de condicionamientos articulatorios y de intenciones expresivas. De modo que si se entienden como norma lingüística las constantes de uso dentro de las posibilidades del sistema general (español, en este caso), el polimorfismo puede ser el resultado de la divergencia de las normas (la norma general de la lengua y la norma regional, en este caso dialectal), pero también puede existir divergencia sin que sea consciente de ello el hablante. Y, por supuesto, en la mayoría de los casos habrá convergencia, lo que puede ser interpretado, a veces erróneamente, como propio exclusivamente de la norma general. Así, desde la perspectiva de un hablante rebollano, con respecto a la norma general:

  • son posibles contrastes divergentes entre hozi en la norma rebollana y hoz en la norma general,
  • es resultado convergente pala en la norma general y en la norma rebollana,
  • se produce uniformidad divergente en jaca, uniformemente realizado como [hâka] y no [xâka] en El Rebollar.

Esta era la situación hace treinta años; hoy seguramente esa situación está cambiando o ha cambiado para bastantes hablantes.

2. Lenguas y dialectos en contacto

En realidad, hablar de dos normas ya supone simplificar la situación, porque, paradójicamente, una de ellas, la del hablar vernáculo, no era normativa (frente a la otra que sí lo era), aunque está claro que a nivel familiar también regía un uso establecido, un uso que a los niños rebollanos nunca se les ocurría contrariar, porque los argumentos de estaca también eran cosa corriente en el ámbito doméstico. Pero ese hablar vernáculo, sin el prestigio social y sin el peso de una autoridad que sancionara sus reglas, estaba abierto a todos los contactos, de ahí su riqueza y su fragilidad, tanto que en el seno de su propia familia le permitió al ahora ponente realizar otro descubrimiento temprano. El padre, que procedía del vecino pueblo de El Sâugo, no hablaba como la madre y la gente de Robleda, aunque ambas localidades no están separadas por más de seis kilómetros. Una de las primeras veces que recuerda haber ido al pueblo del padre, seguramente antes de la mencionada experiencia en la escuela, un presunto primo de El Sâugo se lo hizo sentir, imitando el acento y las expresiones rebollanas que el primo de Robleda espontáneamente utilizaba: ¿tú cómo te llamas?, ¿lo qué jadis?, pos semus primus, etc. Lo que al pariente saugueño le llamaba la atención, y remedaba con tanta aplicación, tenía que ver sin duda con el modo de marcar la entonación elevada, relacionable con las hablas occidentales, el gallego‑portugués, el astur‑leonés y las hablas extremeñas.
Podía haber, por tanto, otras normas implicadas, en una situación propicia a las interferencias internas, a las que se refiere Alvar cuando, inspirándose en Weinreich, trata de los contactos de lenguas, normas y dialectos. En todo caso, por si el ahora ponente hubiera tenido entonces alguna duda sobre la peculiaridad del habla familiar, cuando todavía era niño y ya hombrecito, a los doce años tuvo ocasión de realizar el descubrimiento lingüístico definitivo en aquel viaje verdaderamente iniciático que, se diría, lo sacaba de la Edad Media. En el tren que lo llevaba de Salamanca a Madrid con el cura del pueblo (don Julián Mateos) y un compañero (Marcelino Martín), iba un par de jóvenes maestras de Guadalajara, ciudad que, debido a una canción en boga por entonces, los escolares rebollanos relacionarían más con Méjico que con la Alcarria. Sin embargo, a diferencia del maestro del pueblo, estas maestras alcarreñas no corregían nada, aunque visiblemente se divertían mucho, comentando con el cura la sorpresa de los dos niños rebollanos al descubrir los túneles y las luces de colores, y sobre todo su peculiar manera de referirse a ello. Por fin, al oírles lo de las lucis de coloris, los bultus negrus en lo escuridy, que aquello estaba comu la boca del lobu, sentenciaron que hablaban “como los portugueses”.
Así pues, de aquellas primeras experiencias lingüísticas este ponente ha venido a deducir que, frente a la modalidad general de español (normativa en la escuela, con los rudimentos de gramática y de ortografía principalmente), existe en el habla rebollana una serie de rasgos en contraste, los cuales, en su conjunto, configuran una as dodi o as docirademâs, ypor supuesto, de las doceen castellanos. J. E. Gargallo, en una comunicaciôn inédita, designa la situaciôn lingüistica de estos lugares fronterizos en términos de hibridismoo, calificaciôn que aparentemente no asume en su estudio monogrâfico sobre las hablas de los tres pueblos (Gargallo 1999). Este hibridismo rara vez se manifiesta en la escritura, aunque tal impresiôn quizâ se deba a que tampoco parece haberse buscado el fenômeno con mucha insistencia, y quizâ si se hiciera este esfuerzo se hallarian textos como el Libro berdadero de los aberes que quedaron los moros en la cristiandad (RCCE 3 l94l: 221-256), anônimo de principios del siglo XVII, supuestamente redactado por "los moros" en espaflol y portugués, pero con top6nimos serragatinos (Sierra del Gato, Faque fJaque), Orefra llrueftal, Rio Fro, Ginaldo fFuenteguinaldol, Sierra de Jâlama, Arroio de los mostajos, rio Rubioso) y palabras extremeflas (entre ellas bqdilla y fadienda, por vaxilla y hazienda, donde podrian manifestarse las equivalencias precursoras de los modemos arcaismos con resultados en d de jadel 'hacer', etc. ):

Primeramente a billaflor en la probincia de Lenteyso adonde
charrran a Mezquita Modararws en la parez del oratorio detras de ella
frzimos una secreta y dentro frcamos ydolos de oro (...). En el Castillo
Alto orcllas de mulo a la entrada de su facendo gobernador esta su
labatorio y debæo todo su tesoro y badilla y de alli se be la sierra del
Galo (...'). En la Sierra del Gato se allara pintado en un penedo con el
rabo rescado y mano lebantada mostrando adonde esta el tesoro en el
mestno penedo (...). En lafuente de Agesla la escoba; que sale a el norte
por cima seis pasos aberq barocal y fallarase pintado y a los mesmos
pasos fallarels mucha fadienda y piedras preciosas (,..). En la horla del
Faque en lo istanque de la esquina del norte y sur debmo de ellas
y adentro tres pies se hallara mucho haber (...). En la ciudad de Orcfra
esta uno Yegua de piedra y de frente del hocico seis pasos se hallan
galas brillantes de la hermosa mora que valwron en un million (...), En
el termino de Rio frio tiene dos fuentes la una que llaman de la Piedra
y liene hua piedra a pico y de alli a la fuente mas cercanq lwi 14 varra§
de oro y pasa el aguo junto al tesoro (...). En la Yilla de Ginaldo al
naciente del Sol se hallara una mezquitay en la entrada de la puerta hai
una losa grande y en el mismo umbral debajo esta una pila de cobre lleru de oro
(...)
En el norte y oriente de dha. Jalama hai una silla
enteriza (...). Cerca de dicho silla a continuaciôn estd el Atroio de los
mostajos dorde hai un peso de molino y por cima una cabeza de un
caballo con una cadena al pescuezo, debaio del peso que pr. cima tiene
un bujero hai seis arrobas de oro (...). En lo aho de la siena que mira al
rio Rubioso de la parte de lusitania encontraran una plaza principiada
a cercar y en medio de ella un tesoro

Salvadas las diferencias, esta situaciôn de mezcla de lenguas y dialectos (o de normas generales y dialectales) se produce también en el habla de El Rebollar, cuya peculiaridad lingülstica se puso de relieve en el mencionado estudio de 1976 (Iglesias 1982). En su conjunto los rasgos diferenciales se consideraron suficientes en cantidad y calidad para definir el habla rebollana como un subdialecto histôricomente leonés, con una fiontera relativamente clara al Oeste frente al portugués, al Norte con la modalidad castellana y al Sur y al Este con las hablas extremefias, pero al mismo tiempo en dicha habla se han injertado numerosos lusismos, se han mantenido arcaismos castellanos y comparte estos y otros rasgos con las hablas meridionales de la Alta Extremadtfia, sobre todo, ademâs de vulgarismos generales (Iglesias 1982:274; td. 2004b). Y en todo ello hay que ver probablemente el efecto de unas causas histôricas comunes â estos pueblos de la rayahispano-portuguesa. 3. Causas hist6ricas del hibridismo lingüistico: hablas fronterizas En efecto, el hibridismo lingü(stico rebollano parece vinculado con la constante de la condiciôn fronteriza de la pequefla comarca. Aunque no hace mucho al caso, El Rebollar ya en la Antigüedad tenia esa particularidad, pues se situaba en el t;nitorio de lôs vacceos, constructores de castros y artifices de rudimentarios verracos en el limite con los antiguos lusitanos, con los cuales convivirian administrativamente bajo los romanos. Pero, lingüisticamente, de aquella época remota solo quedan vestigios toponimicos celtas (Jdlama, Noÿo, etc.) o ibéricos (Iruefra), con frecuencia de dudosa etimologia (Giraud-Iglesias). En la época medieval, El Rebollar debi6 de situarse en el lirnite de la ocupaciôn musulmana efectiva, aunque los historiadores no llegan a ponerse de acuerdo en lo que atafre a poblaciôn, despoblaciôn y repoblaciôn: en si se produjo alli el yermamiento de la cuenca del Duero.que defendiô, con ciertas contraàicciones, Claudio Sânchez Albornoz; o si hubo mantenimiento residual de la poblaciôn cristiana hispano-visigoda, eventualmente arubizada o mozârabe; si la repoblaci6n astur-leonesa y gallegoportuguesa se hizo sobre esta poblaciôn residual o si se efectuô en un improbable territorio desierto. Las dudas que estas teorias generaron quedan bien ilustradas por las que tuvo el maestro Menéndez Pidal, quien primero vio en las analogias lingü{sticas entre el pueblo rebollano de El Payo y el asturiano central la consecuencia de una repoblaci6n asturiana (Menéndez P. 1968a: 444'445;1968b: 56), para mâs tarde interpretar dichas analogfas como la manifestaciôn de la unidad lingüistica en la época visigoda, de las que El Payo vendria a ser un islote residual, lo cual a su vez presuponia una presencia humana en la zona anterior a la repoblaci6n (Menéndez P' 1960: )(LVII-)0rx). Probablemente la situaciôn lingüistica de El Rebollar ha sido consecuencia de esa serie de contactos entre una poblaciôn residual, el aflujo mozârabe y la repoblaci6n de diversa procedencia, y sobre todo noroccidental, astur-leonesa y gallego'portuguesa. Estos injertos fueron posibles en el marco hist6rico que vivi6 esta zona en los siglos XII y XIII, en el momento de expansiôn del reino leonés, principalmente con sus emprendedores reyes Fernando II y Alfonso IX (Gonzâlez 1942, 1943,1944). Entonces la frontera occidental del reino se situaba mâs allâ del rio Coa (Gonzâlez 1944: l, 213-215, mapa) e incluia, por tanto, una parte del Portugal actual, concretamente el concejo de Sabugal, en cuyo término se fundô la orden del Pereiro o de Alcântara, a ctJyajurisdicciôn perteneciô por mucho tiempo el pueblo rebollano de Navasfrias. Al final del siglo XII, por el tratado de Alcañices (1297), el rey de Portugal se quedô definitivamente con el territorio en cuestión. Como secuelas de estos arreglos han quedado una serie de hablas fronterizas hibridas en portugués, o falares fronteiriços, a los que dedicô una monograffa Clarinda de Azevedo Maia (1977), y entre los cuales incluye Alamedilla, algunos pueblos de El Rebollar y sus aledafios dentro la Raya salmantina, asi como las mencionadas falas de San Martin de Trevejo, Las Eljas y Valverde del Fresno en la provincia de Câceres. En concreto, para El Rebollar estos arreglos o desarreglos entre los monarcas de ambos reinos produjeron una proximidad fronteriza, provocando un aislamiento que contribuiria a mantener su peculiaridad lingüistica, sin eliminar del todo las interferencias, dado que, aparte la cercania entre unos y otros hablantes, dicho aislamiento no afectaba por igual a hombres y mujeres. Como en otras partes, los hombres rebollanos se desplazaban como pastores, segadores o soldados, y aqui también como contrabandistas, pero sobre todo se movian en la actividad de la arrieria. Este trajin con carretas llevaria a los hombres de El Rebollar por Cáceres (donde su actividad estâ atestiguada en la Edad Media) y quizá por Talavera hasta Sevilla y las salinas de Câdiz. En estos casi miticos viajes, que se prolongarian hasta bien entrado el siglo XX para vender el carbôn de brezo, preparado en la Sierra, se ganarian el sobrenombre de Carruchinus (Iglesias 1992). Gracias en parte a estas actividades y trasiegos los hombres rebollanos siguieron en contacto con extremefios, andaluces, portugueses y castellanos, y de ese modo probablemente mantendrian o incrementarian el patrimonio lingüistico y cultural comrin, en cuyas manifestaciones se pueden rastrear con mâs detalle contrastes e interferencias.

4. Tradición oral y tradiciôn escrita

En las manifestaciones de este patrimonio cultural comûn se vuelve a apreciar el carâcter tributario de la norma lingüistica regional con respecto a la norma general. El Rebollar es una pequeña y poco poblada comarca, que en sus mejores tiempos no llegaria a los nueve o diez mil habitantes, sin peso econ6mico. Por todo ello y, sobre todo, a causa de la carencia de una nofina escrita y la falta de prestigio de esa norma vernacular, El Rebollar nunca ha podido desarrollar una literatura propia, no ya obviamente una literatura escrita, sino tampoco una literatura oral peculiar reconocida. En efecto, la literatura oral es un bien mostrenco, sobre cuya naturaleza seria harto prolijo disertar, pero es sabido que, con frecuencia, se nutre en una literatura escrita adecuada, aunque también la literatura reelabora materiales tradicionales u oralizados. Y esa literatura escrita, incluida la del registro popular (ya sea tradicional o simplemente destinada al gran público) se ha transmitido a través de la norma general española, cuyo peso y prestigio se imponian en la escuela (segun se vio al comienzo), aunque en El Rebollar el absentismo era tan general y precoz que todavia en los años cuarenta y cincuenta bastantes niños robledanos sólo iban a la escuela cuando la nieve o la lluvia les hacía imposible acompañar a sus padres y hermanos al carbonal o a guardar el ganado.

4.1. Formas en verso: La vaca de Posadíllas

Así pues, lo que podrían denominarse formas nobles de la literatura tradicional (oral u oralizada) se aprendían y transmitían en la modalidad de habla española general: el romancero, el cancionero, las oraciones, en menor medida el refranero y el adivinancero. Son formas cuya transmisión supone un aprendizaje más o menos mediatizado por la lectura (directa o meramente oída) y la enseñanza en la escuela o la iglesia en determinados casos. Esto es fácil de comprobar en el cancionero y el romancero de tradición infantil, en cuyo corpus se pueden inventariar todas las mencionadas formas tradicionales en verso. Y el carácter tributario con respecto a la norma lingüística general en este caso es tan marcado que en la antología de Romances y coplas de El Rebollar (Iglesias G. 1998: 77-271), cuya recopilación remonta al último tercio del siglo XX, prácticamente son inexistentes las composiciones en que se utiliza la modalidad vernacular. Y esto es así incluso en los raros ejemplos de probable origen local, o al menos no registrados en otra parte, como "La yaca de Posadillas" (Iglesias 1998: 207-208; cf. anejo 1), composición en coplas en que se narran con tonalidad cazurra las hazañas toreras de unos mozos, tachados de ricos y cobardes, ante una vaca tan mansa que, estando viva, se ponía de rodillas, y, una vez muerta, se atrevieron a picarla y le dieron la puntilla. Obviamente, en el verso castellano se injertan determinadas formas vulgares (Inacio, delantre, apregonal, sociedd), salmantinismos (lrajon, lio) o creaciones de las que no se sabe si son analógicas (dispueslo por ercpuesto) o ripiosas (poner el machetero, por machete, que aquí debe entenderse por ‘dar la puntilla’). Pero mucho más revelador para la interferencia lingüística y cultural resulta el añadido de la glosa, que efectúa la informante en la modalidad rebollana. De ese modo el texto global viene a ser un producto híbrido, en el que, por añadidura, se da una extraña simbiosis entre coplas y glosas, comparable a la que existe entre los diálogos y las didascalias en el texto dramático, aunque en esta actuación la informante (con público de por medio, aunque reducido) se reserva un estatuto análogo al de un demiurgo de Valle-Inclán, no sólo interpretando sino explicando el sentido del texto cantado: dando las aclaraciones oportunas sobre los anônimos autores (se las sacarun aqui), los protagonistas (una sociedd de ricus, u, lrsmbtri d'aqui que tenia las patas bien retuertas l' Ayudanti) y la relaciôn entre realidad y ficciôn (s'habia balddu, u si io, en los cantaris asi se la pusun); manifestando las propias reacciones subjetivas (y claru, ftueno, bueno!) e implicando al oyente con los latiguillos interrogativos habituales (iverdd?) o con la interrogaciôn directa (itri conocistis?, ilo conocistis?). Son procedimientos que, según A. M. Vigara, expresan el realce de la âctitud global del hablante en la conversaci6n ordinaria (Vigara 1992: 134-143).

4.2. Formas en prosa; Celemín y mediu lafanega 

A diferencia de las formas tradicionales en verso, en la transmisiôn de las formas narrativas en prosa, aun cuando por su temâtica y estructura no sean exclusivas de El Rebollar, ni mucho menos, es escasa la intervenciôn culta o semiculta escolar o eclesiâstica, pues se transmiten por via oral casi exclusivamente. Y por ello en esta transmisiôn las formas narrativas en prosa suelen manifestarse en la modalidad rebollana: cuentos, leyendas, anécdotas, chascarrillos, relatos de vida propia o ajena. Todavia podrian afladirse, aunque no de un modo sistemâtico, el refranero (Por mi dineru, pu"h"ru nuevu) y el adivinancero (Adivina, adivinanza, ¿quién pusu el güevu en la paia? –La gallina. –Cagaiôn, pa quien tantu qdiÿina.). En general, en todas esas formas narrativas, por tanto, no hay hibridismo lingüistico dentro del relato ni tampoco entre el relato y el comentario, según puede apreciarse en el cuento adjunto de Celemín y mediu la faieñi (cf. anejo 2). Es un cuento de necios que tiene por protagonista a un molinero desmemoriado y sobre todo incapaz de usar las formulas sociales en funciôn de las circunstancias, desfase que en los diversos lances le acarrea sendas palizas. Corresponde al no 1204 de la clasificaciôn de Aarne-Thompson (1995: 221). El papel del narrador actor es anâlogo al del intérprete comentador en "La vaca de Posadillas", aunque resulta mâs dificil de apreciar esa funciôn, precisamente por coincidir todo el texto (relato y comentarios) en la modalidad vernâcula rebollana. No obstante se perciben las aclaraciones destinadas al auditorio (t seria algu bobun d'arti que era lejus) o para resumir (el resultdu es), así como sus propias reacciones, manifiestas en expresiones subjetivas a menudo repetidas (claru, bueno), onomatopeyas (tin plan, pim pan), exclamaciones (¡pos mira a vel!, cofro, me cagu en diez), que a veces coinciden con las que atribuye a los personajes (me cagu en diez), las cuales eventualmente sirven como marcas de transiciôn en las secuencias, al tiempo que permiten la implicación de los oyentes. Éstos, obviamente, se sitúan en el mismo plano que el narrador intérprete y actúan como conarradores, manifestando también su presunta subjetividad (iy iue buen molineru), aunque en definitiva el mencionado narrador intérprete se desmarca de la instancia narradora “testimonial” en la fórmula final (no sé si el que se casé volviô al molinu, ni qué serïa dél. Yo ya entoncis me vini p'acd, y se acabô).

5. Problemas de transcripción gráfica: algunas propuestas

Como ya se indicaba al principio, la narrativa tradicional rebollana en prosa está por transcribir e incluso por recopilar, aparte algunas escasas muestras de la cuentística o de la apotegmática relacionada con el blasôn popular. Y para subsanar esta deficiencia.

5.2.8. Grafemas consonânticos I o r, p*a N o hl en posici6n implosiva.

Se representan mediante I o r las neutralizaciones de los fonemas ll-rl enposiciôn implosiva y principlamente final:

  • r por / (: /R/), como en arbafril, jurgiu; -/porr'(:lL/),comoencalni,galgueru,palva;yenposiciônfinalsobre todo : c ome l, me lonal, îumaol. La norma auctôctona, por tanto, favorece la soluciôn en [l] en la posiciôn implosiva, en relàci6n quizâ con los resultados de grupos secundariosin las hablas leonesas (y es por ello criterio a retener en caso de escritura en modalidad rebollana):
  • julgiu, pielga, Yelda. por otro lado, la tendencia a la soluciôn en [l] en la posiciôn implosiva se confrrma con la metâtesis de ambos fonemas cuando van seguidos (rl> lr):
  • bulra, mielra, Palral. 5.2.9. Grafemas § ÿ z; p,lra la realizaciôn de /k/ implosiva y /ü final en tsl y tgl. Sàgün èl sonido percibido, se emplean los grafemas , y , purài". r"iir"àiones de /1/ en posiciôn implosiva y ldl ftnal, en aliernancia con el grafema cero (cuando la realizaciôn fonética es nula): z (= t0l), como en direzta' Madriz (o Ma*fi, Daviz; r i= lti» como en cascarria, gaspachu, trastol' lus (o luz o lû)' 5.2.10. Sin grafema, cuando no se realizan fonéticamente los fonemas de la norma general. No se emplea grafema alguno en todos aquellos casos en que no se perciben sonidos, y sucede principalrnente con [-d-] intervo cëiic-a,con las consonantes implosivas àn grupo. cultos o résuliantes de la fonética sintâctica y con casi todos los soniaoà consonânticos en posiciôn final:
  • sin grafema, para intervocrâlica [-d-] caduca como en maérai
  • rin üafema, para intervocâlica [-r-] caduca, como enpaecel'
  • sin üafema, para tbl implosiva caduca, como en recadal (< ant' recabdar)'
  • ri" Éururnu, i*u lpi implosiva cadvaa, como en crisdu (eclipsado)'
  • sin Éafema, iru tl implosiva caduc4 como ensoleni (solemne),
  • sin grafema, para [d] implosiva caducao como en coaiutol,
  • sin-gafema, para [d] implosiva caduca en fonética sintâctica, como en dejdvus;
  • sin grafema, para [n] implosiva caduca, como en antocis,
  • sin grafema, para [n] implosiva caduca en fonética sintâctica, como en
    quepadescansi ('que en paz descanse'),
  • sin grafema, para [] implosiva caduca, como en acagüeti, aganoba;
  • sin grafema, para [k] implosiva caduca, como en otubri,
  • sin grafema, para [r] implosiva caduca en fonética sintâctic4 como en
    agarrami (o aganalmi), comelu, po'laQtor la),
  • sin grafem4 para [g] implosiva caducq como an repunal,
  • sin grafema, para [-n] final caduca, como en crimi o crime;
  • sin grafema, para [-r] final caduca, como en cénci, choJï,vati;
  • sin grafom4 para [-d] caduca, como en céspi, Madri, salü,
  • grafema cero, para [-0] caduca, como en almiré, lü o hu;

Sin embargo, en una posible redacción en modalidad rebollana, sería conveniente mantener la posibilidad de los llamados grupos cultos (y de otras secuencias en los neologismos y préstamos de otras lenguas):

  • actilud o actitü o atitü; magnitud o magnitü o manitü,

5.3.0. Otros signos

Algunos signos tradicionales pueden habilitarse para resolver problemas de transcripción gráfica en la modalidad rebollana.

5.3.1. Tilde en secuencias vocálicas complejas: hiatos, diptongos, contracciones.

La tilde, aparte usos uniformes de la acentuación, contribuye a identificar las secuencias vocálicas complejas, principalmente debidas a la caducidad del fonema /d/ o de otras consonantes intervocálicas:

  • hiatos, como en maéra / los Mürus, lavaéru, riloced, comu, poneüra, la juenti, las Yertüis;
  • diptongos, como en brazdu, déu;
  • triptongos, como en olviôu, miéu, oyutiis;
  • contracciones, como et bdiu (< *badiu), maid (< *rnaida), pué (< *puée ‘puede’), rn (< *riin ‘rien’), tô (< *tôo), pôna (< *poona ‘podona’), crü (< *crüu ‘crudo’);
  • asimilaciones o reducciones, como en vénti (< *veenti < veinti), la Majita (< *Majiita < Majaita < majadita), pïu (< puiu < *pudiu ‘podido’), comistis (< *comistiis ‘comisteis’), respetésu (< *respeloosu < respeîuosu).

5.3.2. Apóstrofo en contracciones vocálicas y reducciones en fonética sintáctica.

El apóstrofo materializa gráficamente las contracciones en fonética sintáctica tanto en el sintagma nominal como en el sintagma verbal, con elisión de vocales en la grafía, como resultados son muy inseguros, en la transcripción gráfica se procura transcribir lo que se oye, sin imponer una regularidad inexistente en los productos recogidos (y a sabiendas de que la percepción de los sonidos puede ser más o menos subjetiva).

5.2.1. Grafemas e‑i, o‑u, para los sonidos vocálicos átonos /e‑i/, /o‑u/. 

Se representan mediante las vocales ordinarias e‑i, o‑u, según la realización percibida, las neutralizaciones respectivas de los fonemas vocálicos átonos /e‑i/ y /o‑u/, frecuentes sobre todo en sílaba final:
– e‑i (= /E‑I/), como en metd o mitâ, según o sigtûn, dejdmi, carci, nochi, juenti, las Yertüis, Carnin;
– o‑u (= /O‑U/), como en Josd o Jtué, moclnchu o muchachu, noera o nuera, buenu, lugu, lloriju, quedavus.
Conviene recordar que las igualaciones no son del todo sistemáticas, ni siquiera en posición final, pues incluso en la modalidad autóctona local se distinguen las exclamaciones (interjecciones) y los vocativos (alocutivos) de los otros usos (delocutivos en el nombre):
– e/i, como en ¡Hombre! / el hombri, ¡Carmen! / la Carmin.
– o/u, como en ¡pueno! / lo buenu, ¡Tasio! / Tasiu se jue.

5.2.2. Grafemas i, u para realizaciones de consonantes implosivas.


Los grafemas i y u materializan gráficamente las soluciones de algunos fonemas implosivos, sobre todo en grupos de procedencia culta, fenómeno vulgar muy extendido:
– i, como en distraición, mirdilu;
– u, como en carduti, Preféutu;


5.2.3. Grafemas g y j, para la realización de /x/ como [h].

Conforme a la ortografía tradicional de la norma general, se mantiene la grafía de g delante de vocal anterior (ge, gi), así como j delante de cualquier vocal (ja, je, ji, jo, ju) para representar la realización local del fonema general /x/, en cualquier posición:
– ge, gi (= [h]), como en La Genestosa, gilé (juego de cartas), aginalsi (agobiarse), agiraeru, ángel o dgil;
– ja, je, ji, jo, ju (= [h]), como en jardu, jeringonciu (baile), jijíu, joramagu, julgáu, ajijeal, ajujal, ajuntal.

5.2.4. Grafema j para los resultados de F‑latina en [h].

Se habilita el grafema j para la transcripción gráfica de los resultados de F‑latina en posición inicial (en la llamada h aspirada: [h]), así como en algunas posiciones interiores y los derivados. Por ejemplo:
– jotd y jatéu, jelechera, jigu, joci, juenti, ajacinal, ajincal, ajorral, ajundil,
– atajarrh, injiestus, mojinu, mojosu.

5.2.5. Grafema d, para los resultados del antiguo fonema /ʎ/. 

Se habilita el grafema d para los resultados del antiguo fonema /ʎ/, actualmente igualados en la pronunciación con los alófonos del fonema /d/:
– en posición interior, como en bardinu, bardôn, bedernt, lanchadu, poda (charca);
– en posición inicial en algunos casos: dagal, dotunu.

5.2.6. Grafema s, para los resultados del antiguo fonema /z/ y realizaciones sonoras en [z] del fonema /O/. 

No se ha encontrado manera de habilitar un grafema específico para los resultados del antiguo fonema /z/, por ejemplo en casa [kéna], así como en las neutralizaciones de /s/ y /θ/ en posición implosiva delante de nasal principalmente. Ejemplos:
– babosu, golosu, corquesa, cesa, coso, Isabel, jesa, mesa;
– gasnal, lesna, rodesnu, torresnu.
Tampoco se halla solución para las sonorizaciones de /s/ en fonética sintáctica [lazobéhas], [adezôrus], y por tanto se propone la misma transcripción gráfica:
las ovejas, a deshoras.

5.2.7. Grafemas consonánticos l o r, para /l/ o /r/ en grupo prenuclear. 

Se representan mediante l o r las neutralizaciones de los fonemas /l/ y /r/ precedidos de consonante, según la realización percibida:
– r por /r/ (: /R/), como en brancu, frol, praza, Robrea;
– l por /l/ (: /L/), como en pldu, plontu, templanu.
La solución de raigambre occidental y leonesa suele ser cons. lr, y es un criterio a retener en caso de escritura (y no transcripción gráfica) en modalidad rebollana.

5.1.2. Grafemas simples correspondientes a fonemas consonánticos en posición explosiva.

Se emplean de un modo uniforme los grafemas simples cuando sus correspondientes sonidos consonánticos están en posición explosiva o prenuclear, sea en posición inicial absoluta o en posición inicial de sílaba interior:
– b (= /b/), como en burru y aballal;
– c (= /k/ o /θ/), como en cactu, Cerilu, ciscu, coafia, cuatru, p’ocá, oceronis, acespal o acispal (cerrar bien, tapar), acomolgal, acuchillal;
– d (= /d/), como en doci, dentru, adera (acedera), cuadril;
– f (= /f/), como en fatu, fechal, filiteru, freiôn, fusca (maleza), afechal, afogonalsi (apagarse la lumbre);
– g (= /g/), como en garrapu, gorrapata, grameiôn, gutu, agachadiîus, aguachinalsi;
– h (“muda”, etimológica o de otra procedencia), como en habaneru, harlolana u hortolana, hoguafroti, huespi, vela, ha;
– k (= /k/), como en kilômetru o kilometru y otros escasos cultismos;
– l (= /l/), como en lantrera, lejîu, limonis, lomba, lumbreru, alabancia, alegri, aliviu (aliviador), alombdu, alumbrdu (borracho);
– m (= /m/), como en maraoju, mecu, mîseri, moganillu, muelu, amaradü (planta), amenis, amoju;
– n (= /n/), como en nabolena, necau o nictzu, nombni (mote), nubawuscu, anarizal;
– fr (= /fr/), como en frisca, fiû, fruca, afiuil o afradil;
– p (= /p/), como en pagu, pegufru, picia, plâu, podri, puinu (gastado), apajaeru, qesgal, apiteral, apotrdu;
– r (= /ɾ/ o /r/), como en raberu, rebuji, roüu o ruéu, arullal (ronronear);
– s (= /s/), como en sacaera, sendra, sierru, sorroéra, subéu o subiu, asaeru, asentdu, asin o asina, asobarbal;
– t (= /t/), como en tallaricu, teü, ti o tio, tortullu o torîuftu (hongo), tupitaina, atacuftal, atendiu, atiju, atorial, atripalsi;
– v (= /b/), como en vâu, verdiôn, viloria o villoria, vos, avarillâu, avedorra o vedarra (citaria), avial;
– x (= /s/), cuando así se hace tradicionalmente en castellano, con criterio etimológico, aunque se pronuncie [s], como en excusdu;
– y (= /y/), como en yelda, ayugtiu;
– z (= /θ/), como en zacapéu, zopu, zugu, eadoz o zaoz, azumbal.


5.1.3. Grafemas simples correspondientes a fonemas consonánticos en posición implosiva.

Se emplean de un modo uniforme los grafemas correspondientes a sonidos consonánticos en posición implosiva, y principalmente final, lo cual sucede generalmente con /n/, /s/ y /θ/, aunque estos fonemas están sujetos a neutralizaciones, como también sucede con otros (en los que además existen vocalizaciones o faltas de realización):

– r (= /ɾ/) puede escribirse delante de consonante bilabial (b, p), como en cambaludis (volteretas), cambizu, lambel, lombu; pero no aparece en posición final (aparte posibles cultismos o extranjerismos);
– z (= /θ/), como en canci, asîn;
– s (= /s/), como en huespi, ambrejonis;
– z (= /θ/), como en lu, zaoz.
Con los otros fonemas en posición implosiva, e incluso con éstos, se producen neutralizaciones, vocalizaciones o faltas de realización, y los resultados son inestables. Sucede, por ejemplo, con /s/ y /θ/, y en este caso hay que seguir el criterio fonético, escribiendo lo que se oye o dejando de escribir lo que no se oye:
– s (= /s–θ/) por z, como en arrôs, jués, pas, rais;
– falta de grafema por z (= /θ/), como en almiré, Pé, testü.

5.1.4. Grafemas compuestos (dígrafos) correspondientes a fonemas consonánticos en posición explosiva. 

Se emplean de un modo uniforme los grafemas compuestos (o dígrafos), cuando corresponden a sonidos consonánticos en posición explosiva o prenuclear, que suele ser la única en que aparecen tanto en la norma general como en la modalidad rebollana:
– ch (= /t͡ʃ/), como en chabarcôn, cheiru, chichari o chicheri, chocallu, churru, achancal, achiperris;
– ll (= /ʎ/), como el llaril (palo para las llares), llevalsi, lloréu, lloriju, allanaéra;
– qu (= /k/), como en queca o quequis (juego de peonza), quicitis, aquerencial;
– rr (= /r/), como en arraberdu, arteculaol, arrodeal, arrueru (respondón).
A propósito del grafema ll (= /ʎ/) y de su posible sustitución fonética por el grafema y (= /y/) en casos de yeísmo, recuérdese que este fenómeno no es autóctono, pero quizá se produzca hoy entre foráneos y estudiantes rebollanos, en cuyo caso el grafema adecuado sería este último.

5.2.0. Criterio fonético para los sonidos divergentes en la norma local

En la transcripción gráfica de aquellos fonemas que se realizan de un modo divergente en la modalidad rebollana con respecto a la modalidad castellana, se sigue el criterio de utilizar los grafemas de la ortografía castellana, adaptándolos a la fonética local. Como los aun cuando los resultados presumibles sean esos productos literarios casi artesanales, sería necesario fijarse algunos principios de transcripción. Podría recurrirse a la transcripción fonética, como hizo Cummings (1974: 167‑192) para las informaciones y relatos del habla de Coria. Pero este remedio tiene el inconveniente de que el producto solamente podrían consumirlo los lingüistas, con lo que los hablantes ordinarios quedarían excluidos de la recepción y, por añadidura, ello equivaldría a negarle el prestigio que la escritura conlleva, un efecto perverso que puede empezar a manifestarse con el desaliento de los mismos informantes. Y si se renuncia a esta posibilidad de la transcripción fonética, de nuevo será inevitable recurrir a la norma ortográfica española, adaptándola a las necesidades de la norma dialectal, que es lo que se ha hecho en los escarceos antes evocados y en las dos muestras ofrecidas (cf. anejos 1 y 2), siguiendo la práctica del estudio monográfico de 1976 (Iglesias 1982, 1990) con ligeros retoques.
De un modo general, se puede aspirar a escribir como suenan las conversaciones y testimonios. Esto, en primer lugar, evidentemente supone respetar el posible polimorfismo del producto lingüístico (a un mismo hablante se le puede oír decir burro o burru, hacer o hacel o jadel, en el mismo contexto), lo cual quizá sería preferible evitar si estas propuestas se convierten en pautas para escribir en modalidad rebollana. Y en cualquier caso, se trata de hallar soluciones gráficas para lo más llamativo de esta modalidad vernácula, tanto para el vocalismo (neutralizaciones vocálicas, contracciones, diptongos y triptongos debidos a falta de articulación de consonantes intervocálicas o bien en fonética sintáctica), como para el consonantismo (con difíciles equivalencias grafémicas en el caso de /l‑r/ o los resultados del ant. /ʎ/ y /z/).
El sonido [h] realiza en el habla rebollana tanto los resultados de la aspiración de F‑ latina (farina > l’bainal, jarina) como el equivalente del fonema /x/ en castellano (jamón [hamón]), y lo adecuado al caso no parece ser el grafema h, como hace Antonio Viudas (1980: xxiv) en su diccionario extremeño, pues esto llevaría a suprimir el grafema etimológico h (“h muda”), con lo cual tal vez se generen nuevas dudas en la lectura y falta de prestigio, al prescindirse totalmente en la grafía del criterio etimológico. Por tanto hasta ahora se ha optado por mantener el uso del grafema g ante vocal anterior (ge, gi), cuando así se practica en la norma académica general, y el grafema j para los otros casos, tanto la realización rebollana de /x/ como [h] (ja, je, ji, jo, ju) como los resultados de F‑ aspirada (lat. v. *famine > jambri). Para los contados resultados vigentes del ant. /ʎ/ que hoy aparecen igualados con los alófonos de /d/, se puede utilizar el grafema d (jadel ‘hacer’, dagal ‘zagal’). En cambio, por el momento, resulta casi insoluble el otro arcaísmo de origen castellano, ant. /z/, pues el grafema z insinuaría una pronunciación interdental [θ] y el grafema s evocaría la pronunciación ápico‑alveolar de /s/. Es un ejemplo palpable de la urgencia que existe para tratar de hallar un criterio aceptable, al menos para salvaguardar los testimonios del pasado. De ahí esta serie de propuestas, con ejemplos tomados del léxico más o menos peculiar de El Rebollar (Iglesias 1990).

5.1.0. Criterio tradicional para los sonidos uniformes.

En la transcripción gráfica de aquellos fonemas que se realizan de un modo uniforme en la modalidad castellana y en la rebollana se sigue el criterio de utilizar los grafemas tradicionalmente usados en la ortografía castellana, por etimología u otras razones. Otro tanto cabe decir de los signos de puntuación y otros signos ortográficos (diéresis, etc.), así como el uso de mayúsculas.

5.1.1. Grafemas correspondientes a fonemas vocálicos tónicos y /a/ átono.

Se emplean de un modo uniforme los grafemas correspondientes a fonemas vocálicos cuando el acento tónico de la sílaba recae sobre el fonema vocálico representado, con tilde o sin ella:
– á, a (= /a/), como en carcabu, caniuti, majá, cucha;
– é, e (= /e/), como en estrébedis, jetén, comel, estiercu o istiercu, lavÿeru;
– í, i (= /i/), como en buil, enreiqui, matanchin, lavija, idil;
– ó, o (= /o/), como el gramejón, solóbrigu, abajoti, joci;
– ü, u (= /u/), como en lütriga o núttiga, embû, leüdu, Remundu, lu.
Una vez caducada la antigua alternancia la‑el (> i) de El Payo, este uso es válido también para el grafema a del fonema átono /a/:
– a (= /a/), como en carozu, patatas (ant. patatis en El Payo).
sucedía en el uso antiguo del castellano (Academia 2000: 86). Por ejemplo:
– la forma femenina del artículo y la de los sustantivos que empiezan por a, como en la azuela > l’azuela; el ahozanu del Aciprés o l’Aciprés; la artoyu > l’arrô o la rô (de donde el polimorfismo en hidronimia de Robleda: l’arrô Mundaval o larô Mundaval o la Romundaval o Lanômundaval);
– el cuantificador tô y la forma masculina del artículo, como en tô el día > to’l día / tô’los días;
– esporádicamente algunas preposiciones y el artículo, en contracciones átonas, como en con’e palu, con’a nwia; po’la calli, po’la mañana; p’al corral, pa’la niña;
– las fórmulas verbales presentativas velo’qui / vela’qui, velo’hí / vela’hí, velo’lli / vela’llî.

5.3.3. Paréntesis con puntos suspensivos (...). 

En la transcripción gráfica de testimonios orales, como en los textos en general, el paréntesis con puntos en su interior (...) puede indicar la supresión de un pasaje efectuado por el encuestador o el redactor, por inaudible, falta de pertinencia u otra razón:
Es que había comu una sociedd de rian (...). Y claru, pegarun de toreala en la plaza.

5.3.4. Paréntesis o corchete con elementos introducidos. 

Como suele hacerse habitualmente, se ponen entre paréntesis o entre corchete y con caracteres diferentes, las palabras u otros elementos que el encuestador o el redactor introduce para la comprensión del texto:
Es que había comu una sociedd de ricus (...). Y claru, pegarun de toreala [la vaca] en la plaza.

6. Conclusión

Los factores históricos, geográficos y económicos evocados (en el apartado 3) han contribuido a configurar una modalidad de habla un tanto híbrida en El Rebollar, análoga a la de otras hablas vecinas (cf. apartado 2). Cabe preguntarse si también en estas últimas se comprueba que el hibridismo lingüístico genera hibridismo en las formas literarias (cf. apartados 4.1, 4.2), con cierto reparto entre formas en verso (composiciones en castellano y glosa en rebollano) frente a las formas en prosa (composición y posibles comentarios en rebollano).

Hoy estas dos normas en contacto y los productos culturales que han generado están a punto de desaparecer totalmente en El Rebollar, debido a la emigración, la falta de prestigio de la norma vernácula y el desamparo institucional. No obstante, algunos hijos de quienes sufrieron el éxodo rural tratan de interesarse por el patrimonio cultural de sus abuelos, sin renunciar a los medios que les ofrece la informática. Y esas generaciones futuras, que tal vez hallarán demasiado monótona la tendencia uniformadora mundialista, merecen la ayuda necesaria para salvar dicho patrimonio cultural. La medida más urgente para conseguir este objetivo es darse una norma de escritura, con la que poder fijar los productos de la tradición oral.

Esto a su vez requiere la autoridad que confiere el apoyo del grupo hablante, de quienes lo representan políticamente y de aquellos que tienen conocimientos específicos en sociolingüística, como es el caso de los aquí presentes.


Investigación de Ángel Iglesias Ovejero. II Jornadas Internacionales de estudio del Rebollar 


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